La Política Agraria Común que nos enferma. Publicado por el Periódico de Catalunya

Por cada euro que ha invertido la PAC en cultivos que forman parte de la base de la pirámide nutricional saludable, ha puesto 8 en los relacionados con carnes, grasas y azúcares

De todos es conocido que una buena alimentación es la base de una buena salud, sin embargo hoy en día la alimentación insana se ha convertido en el primer problema de salud pública en el Estado español y también en la Unión Europea. En las últimas décadas las dietas tradicionales han sido reemplazadas rápidamente por otras con una mayor densidad energética, lo que significa más grasa (principalmente de origen animal), y más azúcar añadido en los alimentos, unido a una disminución de la ingesta de carbohidratos complejos y de fibra. Tan solo un 30% de lo que gastamos en alimentación se destina a alimentos frescos, el resto es alimentación procesada.

La Política Agraria Común que nos enferma

Este cambio de dieta tiene un claro responsable y beneficiario, que no es otro que el conglomerado de grandes cadenas de alimentación industrial, artífices de la expansión de la los productos alimentarios procesados y ultraprocesados. Pero no lo habrían logrado sin la ayuda determinante de los poderes públicos, a través de diferentes políticas y regulaciones, entre ellas especialmente la ofrecida por la PAC (Política Agrícola Comunitaria). Esta es la política más importante de la UE en cuanto a gasto presupuestario se refiere. La PAC absorbe aproximadamente el 40% del presupuesto, en el 2014 por ejemplo representó en torno a los 58.000 millones de euros.

APOYO A LA GRAN INDUSTRIA ALIMENTARIA

Lejos de lo que puedan pensar el común de los ciudadanos, el principal objetivo de la PAC  en su diseño no fue sostener los sistemas agrarios locales y el medio ambiente para asegurar el derecho a una alimentación sana y adecuada, sino que la gran industria alimentaria contara con materia prima barata como insumo para el desarrollo de su capitalización. Así, si hacemos un análisis de cuáles han sido los cultivos más subvencionados, pues nos encontramos aquellos que más  relacionados con la mala alimentación con elementos comunes, cultivos herbáceos, azúcar, carne y aceites.

Cultivos relacionados con dieta saludable, como las legumbres, apenas cuentan en las partidas del presupuesto español destinadas a ayudas directas

Si vemos por ejemplo solo el presupuesto en el Estado español destinado a ayudas directas entre los años 2000 y 2005, podemos comprobar como el 60% se destinó, directamente o indirectamente a través de los piensos, a la ganadería, englobando productos como los cárnicos, lácteos… Por el contrario, cultivos claramente relacionados con dieta saludable y con un déficit enorme en nuestra dieta como las legumbres solo con cuentan con 1% de las ayudas, y frutas y hortalizas un 7%.

Resumiendo por cada euro que la PAC ha puesto en cultivos que forman parte de la base de la pirámide nutricional saludable ha puesto 8 en los relacionados con carnes, grasas y azúcares que consumimos en exceso. Esto explica entre otras cosas que los precios de frutas y verduras han aumentado considerablemente desde 1990 (entre un 2 y un 3% al año en promedio, o un 55-91% entre 1990 y 2012). Al mismo tiempo, la mayoría de los alimentos procesados estudiados son más baratos ahora que en 1990.

ARRINCONA EL MODELO DE AGRICULTURA FAMILIAR

Además el actual modelo de la PAC favorece fundamentalmente a las grandes explotaciones, así en el Estado español en concreto solamente el 16% de los beneficiarios/as se quedan con el 75% de todas las ayudas, lo cual beneficia a quien más tiene, apuntala el modelo agrario industrial y arrincona al modelo de agricultura familiar que es la base de un sistema de alimentación saludable y sostenible.

Ahora que estamos entrando en las negociaciones políticas en el proceso de diseño de la nueva PAC a partir del 2020, es urgente y necesario incluir los objetivos de salud pública en la definición de la misma. Por tanto necesitamos una Política Común Alimentaria, que tenga como objetivo prioritario el acceso de toda la ciudadanía a una alimentación segura, saludable y nutritiva.

Necesitamos una política que tenga como objetivo el acceso de la ciudadanía a una alimentación segura, saludable y nutritiva

A través de la promoción de una transformación basada en el uso de métodos de producción respetuosos con el medioambiente, relocalización de la agricultura y circuitos cortos, la apuesta un modelo de agricultura familiar y una política que asegure que la alimentación sana llegue al conjunto de la población a un precio asequible y que permita  a su un nivel de vida digno para los agricultores y agricultoras y para todos los trabajadores del campo. De otro modo, el mayor presupuesto público de la Unión Europea servirá para que las grandes corporaciones nos continúen enfermando a bajo coste.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria

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El Gobierno impulsa la agricultura que McDonalds quiere. Publicado por el Salmón Contracorriente

¿De verdad tenemos que aceptar que los McDonalds sean el futuro de nuestra alimentación y agricultura? La I Edición del Programa “Campo Innova“, que se destinarán 724 millones de euros de gasto público en una iniciativa que coincide con los valores y objetivos del programa “Campo Innova”. Una iniciativa lanzada ni más ni menos que por el gigante de la alimentación basura.
El Gobierno impulsa la agricultura que McDonalds quiere 

La ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, anunciaba en el marco de su participación en el acto de presentación de los 20 candidatos seleccionados en la I Edición del Programa “Campo Innova“, que se destinarán 724 millones de euros de gasto público total durante el periodo 2014-2020 para ayudar a la instalación e incorporación de más de 15.000 jóvenes a la actividad agraria.

Los datos de relevo generacional en España son dramáticos, los agricultores menores de 35 años representan tan sólo el 4,48 % del censo total en España y el 36,57 % son mayores de 65 años. Por tanto, lo que parecía una buena noticia del Ministerio rápidamente se convirtió en lo contrario cuando la ministra explicó que la iniciativa coincide con los valores y objetivos del programa “Campo Innova”. Una iniciativa lanzada ni más ni menos que por McDonalds, que según sus datos permitirá que 60 jóvenes aporten a la cadena de suministro de McDonald’s alimentos como vacuno, leche, pollo, trigo panificable, etc..

La pregunta es obligada, ¿este modelo de agricultura que quiere impulsar el gobierno es bueno para el conjunto de la sociedad?

El actual sistema global de alimentación se ha convertido en el mayor problema de salud pública a nivel mundial. Por cada día de salud que perdemos por el tabaco perdemos 5 por la mala alimentación. Según el estudio de “The Lancet”, la mala alimentación es la causante del 21% de muertes evitables. En España representa 90.000 personas al año. Esto es debido a que el 70% de la comida que consumimos es industrial, procesada o ultraprocesada y este tipo de comida es el vehículo de componentes perjudiciales para nuestra salud como es el exceso de azúcar, grasas y sal. Además, cabe señalar que el 44% de la población española no puede acceder a una alimentación saludable por cuestión de renta y cada vez más amplias capas de la población está consumiendo productos de alimentación “low cost”.

El 70% de la comida que consumimos es industrial, procesada o ultraprocesada

A nivel global la agenda de la alimentación y agricultura para los próximos años viene determinada por la necesidad de poner en marcha medidas urgentes y eficaces que permitan alimentar a más personas, pero de una forma saludable y que esto sea compatible con la lucha contra la crisis climática. Para ello, la propia FAO reconoce en su último informe, que es necesaria una profunda transformación en los sistemas alimentarios y agrícolas de todo el mundo. Una transformación que obliga a cambios drásticos en el modelo de producción agraria y ganadera, que tenga en cuenta la relocalización de la actividad, la ampliación de los circuitos cortos de comercialización y como base fundamental contar con un vigoroso relevo generacional

Por un lado la FAO y la propia OMS nos piden un cambio urgente hacia una dieta más sana y menos procesada, y por otro lado el modelo que impulsa y avala el Ministerio de Agricultura es el opuesto, ya que promociona directamente que existan nuevos agricultores/as, ligados a los intereses de la gran industria del fast food y que en lugar de transformar el sistema, lo asegure y amplifique.

¿De verdad tenemos que aceptar que los McDonalds sean el futuro de nuestra alimentación y agricultura?

Javier Guzmán

Director de Justicia Alimentaria

Three big lies that the food industry is telling us through advertising. Publicado en http://thegreenbeings.com/

This episode is all about what we see and hear on TV, newspapers, and on the Internet. We are told to eat healthy food, to exercise, to practise mindfulness and yoga. Is it that simple? Can the food industry and the states do something about it or are we, consumers, entirely accountable for our diseases and health problems? You may change your mind after reading what Javier Guzmán, director of VSF Justicia Alimentaria Global, has told us in this regard. Once again, the reason to categorise this article as Green is due to the positive work that this organisation is making to wipe out these poisoning practices.

 

Question. You have written about advertising and marketing aimed at children of products with high content in sugar. Recently, I also wrote for The Green Beings about how in her early years as First Lady, Michelle Obama said that this kind of marketing needed to be regulated when targeted at children. But after some time, she changed the line of her speech and put the focus on the individual with messages like “take care of yourself”, “do exercise” or “eat healthy”. Is this possible? Can individuals take care of ourselves in this sense or should these practices be regulated by parliaments and states?

Answer. We believe that these are false arguments, and so the WHO (World Health Organization) does. It is false, it is a global lie used also by companies that is fundamentally based on the following:
1) In saying that “there is no good food or bad food”. It’s a lie. We know there are bad types of food and good types of food, and there is scientific evidence.
2) “You can eat everything”. It’s also a lie: there are things that is better not to eat.
3) “Food is a decision of your own, individual, and has to do with your lifestyle”. Another big lie. It is not the same in the “good” neighborhoods of Barcelona as in the “bad” ones. Working-class districts do not have access to healthy products because of price and distribution issues, but upper class areas are increasingly eating more fresh, local and ecological products, which was the real pursuit of the food sovereignty principle: to achieve that as much people as possible had access to this kind of food. However, in the end is becoming an issue of elite consumption.

Thus, we know that there has to be a policy that approaches this matter from a structural perspective, because this is a structural and social problem. Tell me in what neighborhood you live and I will tell you what food you are eating, and what your health consequences will be. And this is also clear in schools and public canteens. We have denounced time and time again, and obviously they are aware.

But what happens? One of the issues that WHO is claiming, and that we have indicated in our campaign and in Europe, is the need for regulation of children’s advertising. Firstly -and we all agree on this-, because children are not free consumers. They are not free or informed consumers, as required by law, and we should protect them because they are easily manipulated either with cartoons or other marketing techniques.
For example, in Spain we know that 4 out of every 5 ads related to poor diet are specifically targeted at children. It is the largest consumer market for these junk food products. This sort of advertising impacts on children and consequently it conditions their parents when it comes to shopping. Therefore, a lack of regulation in children’s advertising makes this an open bar where children are daily bombarded: we estimate that there are 39,000 adverts aimed at children per year (220 a day), mostly related to an unhealthy diet.
We should protect children from such advertising, so that they do not eat that kind of food and go to school with a piece of fruit instead of a chocolate cake for their recess. But of course, this is where the big industry is risking a lot of money, because children are their consumers. We are talking about pizzas, juices, frozen foods, pastries
And then, when children have some type of obesity, instead of backing out and analyse how we got here, we end up treating the child with medication, with a diet or a pill. But we do not touch the structural part of this poor diet, what we know is a social problem and has an economic cause. And we also know the policies that must be implemented to correct it: one is the control of children’s advertising and the other is the promotion of healthy food through proper access. Not as Michelle Obama says: “do exercise“, or as the Spanish Ministry of Health says -copying the food industry-: “do a marathon“, “eat well“.
Our data reveal that 50% of the population cannot eat well. Access [to healthy food] needs to be improved. In Spain we are demanding a food fiscal policy that is aligned with the health policy. Therefore, food we consider unhealthy would be engraved by a tax, and food we can consider healthy, ecological, or fresh, at a 0% VAT, so that people have the chance to eat well and, on the other hand, give an opportunity to young farmers, family businesses, and those working on the ecological field to go on the market. Or for example, that schools and public canteens may have their menus designed by Public Health and taking into account a series of parameters also related to the territory, establishing local public purchasing policies considering those products that are seasonal and local.
Right now there is nothing like that. When you see the price difference between healthy and unhealthy food in a country like Spain, the fact of saying “you can take care of yourself” while the state does nothing is deceiving the population. But there is more, because the state is not neutral. It is not that the state does nothing: in fact, the current state policy encourages the promotion of this unhealthy food with vending machines, grants for large retail companies, advertising, lack of education, etc. It is a tailor-made policy for the expansion of the consumption of this unhealthy food, as it has been happening for the last 20 years.

Campanya Dame Veneno a l’Entrevista

http://www.xiptv.cat/lentrevista/capitol/entrevista-javier-guzman

 

Campaña Dame Veneno en la Sexta Noticias

http://www.lasexta.com/noticias/sociedad/los-riesgos-de-la-mala-alimentacion-90000-personas-mueren-cada-ano-en-espana_2017021658a5cb060cf2d2743dfcd49e.html

https://i0.wp.com/fotografias.lasexta.com//clipping/cmsimages01//2017/02/16/6409DE73-C141-4F3B-A7AB-6A06B904901D/58.jpg

Conferencia sobre Publicidad engañosa en la Alimentación.

La brecha alimentaria e impactos en la salud. Publicado por la Revista Pueblos

Vivimos inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor y una inmensa mayoría lo hacemos cada vez peor, pagando con nuestra salud el beneficio de un puñado de multinacionales.

 La evidencia científica es incuestionable. La alimentación insana es ya la primera causa de enfermedad y pérdida de calidad de vida en el mundo, también en el Estado español. Tal y como se recoge en la campaña “Dame Veneno” que lanzó VSF Justicia Alimentaria Global hace unos meses, la alimentación nos está enfermando. Es lo que más nos enferma y cada vez nos enferma más. Esto es así porque los últimos 20 años nuestra dieta ha cambiado. El 70% de lo que comemos son alimentos procesados. Estos ingredientes críticos viajan a través de la alimentación procesada. En el Estado español se ha incrementado muy considerablemente el consumo de dichos ingredientes, a pesar de que la inmensa mayoría de la población sabe que hay que reducirlos. Esto no es debido a que de pronto todos los países al unísono nos hemos puesto de acuerdo en llevar una mala vida, se trata fundamentalmente del poder inmenso que la industria alimentaria ha ido ganando llegando a convertirse en un agente capaz de condicionar el sistema de producción, el consumo alimentario y las decisiones políticas.

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Si nos fijamos en el Estado español, pueden atribuirse a la alimentación insana entre un 40-55% de las dolencias cardiovasculares, un 45% de las diabetes y entre un 30-40% de algunos cánceres como los de estómago y colon[2]. Una estimación del impacto económico de las enfermedades asociadas a una dieta insana nos ayuda a poner sobre la mesa la magnitud del problema: 20.000 millones de euros anuales[3]. Esto es el 20% del presupuesto en sanidad, y sigue creciendo. En palabras de la Directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estas y otras enfermedades asociadas a la alimentación insana son las que van hacer saltar la banca.

 

 

¿Comemos lo que queremos?

Dentro de la narrativa generada por las grandes corporaciones de la alimentación y copiadas obedientemente por los Gobiernos, la buena alimentación es cuestión de hábito y decisión individual, y esto ha calado en todo nuestro imaginario colectivo. Cualquiera que se lo proponga puede comer bien. Se puede comer bien y barato, o es más, comer bien es más barato que hacerlo mal. ¿Pero esto es realmente así? ¿Se trata de una decisión individual? ¿Cómo es posible entonces que tantas personas se hayan puesto de acuerdo en comer mal y enfermarse voluntariamente?

Vamos por partes, lo que sabemos, y hay evidencia científica es que estás enfermedades no nos afectan a todos por igual, es que afecta fundamentalmente a las clases con menos renta. Esto es así porque la comida sana es cara, cada vez más cara lo que hace que amplias capas de la población de nuestro país no puedan acceder. El estudio “The rising cost of a healthy diet” analizó la evolución relativa de los precios entre dos grupos de alimentos: por un lado, aceites, grasas, azúcares y alimentos altamente procesados; y por el otro, frutas y verduras. Se realizó en Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, México y la República de Corea. El resultado indicó que los precios de frutas y verduras han aumentado considerablemente desde 1990 (entre un 2 y un 3 por ciento al año en promedio, o un 55-91 por ciento entre 1990 y 2012)[4]. Al mismo tiempo, la mayoría de los alimentos procesados estudiados son más baratos ahora que en 1990.

 

Por otro lado, para responder a estas preguntas hemos realizado el siguiente cálculo: ¿Cuánto cuesta, de promedio, el patrón de dieta comúnmente aceptado como saludable? (la famosa pirámide nutricional). Para ello se han tomado las recomendaciones de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y los precios medios de cada grupo de alimentos del Ministerio de Agricultura.

Los datos arrojan que para consumir los alimentos en las raciones recomendadas se necesitan 1.500€ por persona y año (podemos tomar la cifra redonda 1.500 ya que varía ligeramente de un año a otro).

 

Si vemos la otra parte de la ecuación para ver si realmente el precio supone una barrera infranqueable revisamos el gasto promedio de alimentación en el Estado (últimos datos disponibles), que es de 1.482 euros por persona y año, lo cual es casi exactamente el precio de la dieta recomendada. Pero, naturalmente, estamos hablando de medias. Si la media es el precio de la dieta recomendada significa que hay una fracción importante de la población que está gastando menos en alimentación, es decir, que si quisiera seguir las recomendaciones nutricionales debería incrementar su gasto alimentario.

 

Se calcula entonces que un 45% de la población española no puede pagarse una dieta saludable. Ni siquiera estamos hablando de alimentación ecológica o local, cuyo precio medio está un 35% más cara que la convencional, si no simple y llanamente seguir las recomendaciones nutricionales básicas. Por lo tanto, están condenadas a enfermar de algo totalmente evitable. En resumen estamos inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor, y una inmensa mayoría lo hacemos cada vez peor, pagando con nuestra salud el beneficio de un puñado de multinacionales.

 

Algunas propuestas de cambio

Frente a esta realidad es evidente que necesitamos urgentemente una política fiscal alimentaria orientada a revertir esta cada vez mayor desigualdad alimentaria y que tenga como objetivos:

 

1 Abaratar los precios de los alimentos con buen perfil nutricional (alimentos sanos) y encarecer los alimentos con mal perfil nutricional (alimentos insanos)

  1. Internalizar los costes sanitarios derivados de la alimentación insana, en los productos cuyo consumo excesivo los generan
  2. Actuar sobre el ambiente o entorno alimentario, mandando una señal clara desde de las administraciones sobre la existencia de alimentos con buen perfil nutricional y otros que no (junto con otras medidas, por ejemplo, un etiquetado claro y una limitación de publicidad de determinados alimentos claramente insanos para poblaciones vulnerables, es una medida sociocultural altamente efectiva):
  3. Conseguir recaudar fondos que se puedan destinar a otros aspectos de lucha contra la epidemia de la alimentación insana (impulsar los sistemas alimentarios locales, campañas educativas, costear parte de los gastos sanitarios, etc.).

 

 

Esto no es nada nuevo, el Plan de Acción Europeo sobre Alimentación y Nutrición 2015-2020 para la región europea de la OMS, contempla como línea de acción prioritaria la aplicación de políticas fiscales y de precios que influyan sobre la elección de los alimentos. En este sentido, podemos distinguir dos tipos clave de impuestos que afectan (o pueden afectar) a los alimentos. El IVA (impuesto al valor agregado) y los impuestos especiales (tasas impositivas especiales aplicadas a diferentes tipos de alimentos o bebidas de manera exclusiva), como es el caso del tabaco o el alcohol. Las combinaciones posibles son varias, pero lo que no tiene ningún sentido que en nuestro país tenga un IVA similar una Coca-Cola, un Kit Kat o una manzana desde el punto de vista sanitario. El Reino Unido, por ejemplo, aplica un IVA del 0% a la mayoría de los alimentos, mientras que aperitivos salados, zumos de frutas, refrescos o golosinas están gravados con el 20%.

 

La reducción del IVA a productos básicos como frutas y verduras, podría significar un descenso en la recaudación impositiva, pero podría verse compensado por el incremento del IVA a determinados alimentos de perfil nutricional claramente insano. El ejemplo más cercano lo tenemos en México que estableció impuestos a las bebidas azucaradas y  dónde un reciente estudio realizado por un equipo liderado por la especialista en medicina interna de UC San Francisco, Kirsten Bibbins-Domingo, y que publicó esta semana en la revista PLoS Medicinede, muestra que en diciembre de 2014 la caída en compras de bebidas azucaradas fue del 12%. Si la población mexicana  sostiene este patrón de consumir menos bebidas endulzadas, el modelo desarrollado por los investigadores predice que más de 10 años, el impuesto al 10% podría prevenir 189.300 nuevos casos de diabetes tipo 2, 20.400 accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos y 18.900 muertes entre adultos 35 a 94 años de edad. Así, de 2013 a 2022, la reducción en la diabetes por sí sola podría producir ahorros en los costos proyectados de la salud de 983 millones de dólares, concluyeron los investigadores.

 

En cuanto a la aplicación de estos fondos obtenidos una buena parte de ellos deberían ser vehiculados hacia una inversión el modelo de agricultura familiar, social y sostenible, pues conviene no perder de vista que la conexión (o desconexión) entre la soberanía alimentaria una y la alimentación sana. Del mismo modo, que su desaparición comporta su ocupación por alimentos altamente procesados que han demostrado su implicación en la epidemia que describo.

 

El resultado, casi 50 años después del inicio de las revoluciones verdes que venían para acabar con el problema de la desnutrición en el mundo, es objetivamente, un desastre y no solamente no se ha conseguido reducir significativamente las personas en situación de hambre y subnutrición, sino que, además, se han incrementado exponencialmente las otras formas de mala alimentación.

Debido a este contexto internacional y en el marco de la II Conferencia Internacional de Nutrición organizada conjuntamente por la FAO y la OMS, realizada en Roma a finales de 2014, ambas organizaciones internacionales señalaron como la principal causa de la situación alimentaria del mundo y la vulneración constante del Derecho Humano a una Alimentación Adecuada al fracaso del actual sistema agroalimentario, generador no solamente del alarmante estado alimentario del mundo, sino también de otros efectos altamente negativos.

De ahí que ambos organismos, conjuntamente con el Relator Internacional para el Derecho a la Alimentación de Naciones Unidas, hicieran un llamado a los Estados y administraciones de todo el mundo para que reconozcan el papel clave de la agricultura familiar campesina y los mercados alimentarios locales como pieza clave en la lucha contra el hambre y la mala nutrición. Estas peticiones vienen recogidas en las conclusiones de la II Conferencia Internacional de Nutrición y en los dos últimos informes sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación, elaborados. Uno de ellos, titulado “Sistemas alimentarios para una mejor nutrición”, mostrando claramente la estrategia que se debe seguir para conseguir mejorar el estado de este derecho humano básico.

 

Como última conclusión, es claro que necesitamos un cambio en el modelo actual alimentario basado en la maximización de beneficios de las grandes corporaciones, por otro que ponga a las personas y su salud presente y futura en el centro. Por ello  es urgente la creación de una política alimentaria que haga un giro de 180 grados y que asegure derecho a una alimentación sana a las mayorías sociales.

 

Javier Guzmán  Director de VSF Justicia Alimentaria Global.

 

[1]http://www.freshplaza.es/article/88272/La-ca%C3%ADda-de-los-precios-de-los-alimentos-en-Espa%C3%B1a-hace-que-crezca-el-consumo

[2] Elaboración propia. Los datos están tomados del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), la mayor base de datos independiente. Datos procedentes de fuentes oficiales y de publicaciones científicas que son recogidos y analizados por un consorcio de más de 1.600 personas investigadoras en 120 países, capturando datos de más de 300 enfermedades y lesiones en 188 países, desagregados por edad y sexo, desde 1990 hasta la actualidad, lo que permite comparaciones en el tiempo, a través de grupos de edad, y entre poblaciones.

[3] Suma de datos procedentes de tres fuentes: http://www.scielosp.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0213-91112008000600001  www.fundaciondiabetes.org/upload/articulos/113/Diabetes_Cost_Crespo_2013.pdf

Y Datos del Centro de Estudios Económicos y Empresariales (Cebr)

[4] http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/9580.pdf