Conferencia sobre Publicidad engañosa en la Alimentación.

La brecha alimentaria e impactos en la salud. Publicado por la Revista Pueblos

Vivimos inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor y una inmensa mayoría lo hacemos cada vez peor, pagando con nuestra salud el beneficio de un puñado de multinacionales.

 La evidencia científica es incuestionable. La alimentación insana es ya la primera causa de enfermedad y pérdida de calidad de vida en el mundo, también en el Estado español. Tal y como se recoge en la campaña “Dame Veneno” que lanzó VSF Justicia Alimentaria Global hace unos meses, la alimentación nos está enfermando. Es lo que más nos enferma y cada vez nos enferma más. Esto es así porque los últimos 20 años nuestra dieta ha cambiado. El 70% de lo que comemos son alimentos procesados. Estos ingredientes críticos viajan a través de la alimentación procesada. En el Estado español se ha incrementado muy considerablemente el consumo de dichos ingredientes, a pesar de que la inmensa mayoría de la población sabe que hay que reducirlos. Esto no es debido a que de pronto todos los países al unísono nos hemos puesto de acuerdo en llevar una mala vida, se trata fundamentalmente del poder inmenso que la industria alimentaria ha ido ganando llegando a convertirse en un agente capaz de condicionar el sistema de producción, el consumo alimentario y las decisiones políticas.

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Si nos fijamos en el Estado español, pueden atribuirse a la alimentación insana entre un 40-55% de las dolencias cardiovasculares, un 45% de las diabetes y entre un 30-40% de algunos cánceres como los de estómago y colon[2]. Una estimación del impacto económico de las enfermedades asociadas a una dieta insana nos ayuda a poner sobre la mesa la magnitud del problema: 20.000 millones de euros anuales[3]. Esto es el 20% del presupuesto en sanidad, y sigue creciendo. En palabras de la Directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estas y otras enfermedades asociadas a la alimentación insana son las que van hacer saltar la banca.

 

 

¿Comemos lo que queremos?

Dentro de la narrativa generada por las grandes corporaciones de la alimentación y copiadas obedientemente por los Gobiernos, la buena alimentación es cuestión de hábito y decisión individual, y esto ha calado en todo nuestro imaginario colectivo. Cualquiera que se lo proponga puede comer bien. Se puede comer bien y barato, o es más, comer bien es más barato que hacerlo mal. ¿Pero esto es realmente así? ¿Se trata de una decisión individual? ¿Cómo es posible entonces que tantas personas se hayan puesto de acuerdo en comer mal y enfermarse voluntariamente?

Vamos por partes, lo que sabemos, y hay evidencia científica es que estás enfermedades no nos afectan a todos por igual, es que afecta fundamentalmente a las clases con menos renta. Esto es así porque la comida sana es cara, cada vez más cara lo que hace que amplias capas de la población de nuestro país no puedan acceder. El estudio “The rising cost of a healthy diet” analizó la evolución relativa de los precios entre dos grupos de alimentos: por un lado, aceites, grasas, azúcares y alimentos altamente procesados; y por el otro, frutas y verduras. Se realizó en Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, México y la República de Corea. El resultado indicó que los precios de frutas y verduras han aumentado considerablemente desde 1990 (entre un 2 y un 3 por ciento al año en promedio, o un 55-91 por ciento entre 1990 y 2012)[4]. Al mismo tiempo, la mayoría de los alimentos procesados estudiados son más baratos ahora que en 1990.

 

Por otro lado, para responder a estas preguntas hemos realizado el siguiente cálculo: ¿Cuánto cuesta, de promedio, el patrón de dieta comúnmente aceptado como saludable? (la famosa pirámide nutricional). Para ello se han tomado las recomendaciones de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y los precios medios de cada grupo de alimentos del Ministerio de Agricultura.

Los datos arrojan que para consumir los alimentos en las raciones recomendadas se necesitan 1.500€ por persona y año (podemos tomar la cifra redonda 1.500 ya que varía ligeramente de un año a otro).

 

Si vemos la otra parte de la ecuación para ver si realmente el precio supone una barrera infranqueable revisamos el gasto promedio de alimentación en el Estado (últimos datos disponibles), que es de 1.482 euros por persona y año, lo cual es casi exactamente el precio de la dieta recomendada. Pero, naturalmente, estamos hablando de medias. Si la media es el precio de la dieta recomendada significa que hay una fracción importante de la población que está gastando menos en alimentación, es decir, que si quisiera seguir las recomendaciones nutricionales debería incrementar su gasto alimentario.

 

Se calcula entonces que un 45% de la población española no puede pagarse una dieta saludable. Ni siquiera estamos hablando de alimentación ecológica o local, cuyo precio medio está un 35% más cara que la convencional, si no simple y llanamente seguir las recomendaciones nutricionales básicas. Por lo tanto, están condenadas a enfermar de algo totalmente evitable. En resumen estamos inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor, y una inmensa mayoría lo hacemos cada vez peor, pagando con nuestra salud el beneficio de un puñado de multinacionales.

 

Algunas propuestas de cambio

Frente a esta realidad es evidente que necesitamos urgentemente una política fiscal alimentaria orientada a revertir esta cada vez mayor desigualdad alimentaria y que tenga como objetivos:

 

1 Abaratar los precios de los alimentos con buen perfil nutricional (alimentos sanos) y encarecer los alimentos con mal perfil nutricional (alimentos insanos)

  1. Internalizar los costes sanitarios derivados de la alimentación insana, en los productos cuyo consumo excesivo los generan
  2. Actuar sobre el ambiente o entorno alimentario, mandando una señal clara desde de las administraciones sobre la existencia de alimentos con buen perfil nutricional y otros que no (junto con otras medidas, por ejemplo, un etiquetado claro y una limitación de publicidad de determinados alimentos claramente insanos para poblaciones vulnerables, es una medida sociocultural altamente efectiva):
  3. Conseguir recaudar fondos que se puedan destinar a otros aspectos de lucha contra la epidemia de la alimentación insana (impulsar los sistemas alimentarios locales, campañas educativas, costear parte de los gastos sanitarios, etc.).

 

 

Esto no es nada nuevo, el Plan de Acción Europeo sobre Alimentación y Nutrición 2015-2020 para la región europea de la OMS, contempla como línea de acción prioritaria la aplicación de políticas fiscales y de precios que influyan sobre la elección de los alimentos. En este sentido, podemos distinguir dos tipos clave de impuestos que afectan (o pueden afectar) a los alimentos. El IVA (impuesto al valor agregado) y los impuestos especiales (tasas impositivas especiales aplicadas a diferentes tipos de alimentos o bebidas de manera exclusiva), como es el caso del tabaco o el alcohol. Las combinaciones posibles son varias, pero lo que no tiene ningún sentido que en nuestro país tenga un IVA similar una Coca-Cola, un Kit Kat o una manzana desde el punto de vista sanitario. El Reino Unido, por ejemplo, aplica un IVA del 0% a la mayoría de los alimentos, mientras que aperitivos salados, zumos de frutas, refrescos o golosinas están gravados con el 20%.

 

La reducción del IVA a productos básicos como frutas y verduras, podría significar un descenso en la recaudación impositiva, pero podría verse compensado por el incremento del IVA a determinados alimentos de perfil nutricional claramente insano. El ejemplo más cercano lo tenemos en México que estableció impuestos a las bebidas azucaradas y  dónde un reciente estudio realizado por un equipo liderado por la especialista en medicina interna de UC San Francisco, Kirsten Bibbins-Domingo, y que publicó esta semana en la revista PLoS Medicinede, muestra que en diciembre de 2014 la caída en compras de bebidas azucaradas fue del 12%. Si la población mexicana  sostiene este patrón de consumir menos bebidas endulzadas, el modelo desarrollado por los investigadores predice que más de 10 años, el impuesto al 10% podría prevenir 189.300 nuevos casos de diabetes tipo 2, 20.400 accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos y 18.900 muertes entre adultos 35 a 94 años de edad. Así, de 2013 a 2022, la reducción en la diabetes por sí sola podría producir ahorros en los costos proyectados de la salud de 983 millones de dólares, concluyeron los investigadores.

 

En cuanto a la aplicación de estos fondos obtenidos una buena parte de ellos deberían ser vehiculados hacia una inversión el modelo de agricultura familiar, social y sostenible, pues conviene no perder de vista que la conexión (o desconexión) entre la soberanía alimentaria una y la alimentación sana. Del mismo modo, que su desaparición comporta su ocupación por alimentos altamente procesados que han demostrado su implicación en la epidemia que describo.

 

El resultado, casi 50 años después del inicio de las revoluciones verdes que venían para acabar con el problema de la desnutrición en el mundo, es objetivamente, un desastre y no solamente no se ha conseguido reducir significativamente las personas en situación de hambre y subnutrición, sino que, además, se han incrementado exponencialmente las otras formas de mala alimentación.

Debido a este contexto internacional y en el marco de la II Conferencia Internacional de Nutrición organizada conjuntamente por la FAO y la OMS, realizada en Roma a finales de 2014, ambas organizaciones internacionales señalaron como la principal causa de la situación alimentaria del mundo y la vulneración constante del Derecho Humano a una Alimentación Adecuada al fracaso del actual sistema agroalimentario, generador no solamente del alarmante estado alimentario del mundo, sino también de otros efectos altamente negativos.

De ahí que ambos organismos, conjuntamente con el Relator Internacional para el Derecho a la Alimentación de Naciones Unidas, hicieran un llamado a los Estados y administraciones de todo el mundo para que reconozcan el papel clave de la agricultura familiar campesina y los mercados alimentarios locales como pieza clave en la lucha contra el hambre y la mala nutrición. Estas peticiones vienen recogidas en las conclusiones de la II Conferencia Internacional de Nutrición y en los dos últimos informes sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación, elaborados. Uno de ellos, titulado “Sistemas alimentarios para una mejor nutrición”, mostrando claramente la estrategia que se debe seguir para conseguir mejorar el estado de este derecho humano básico.

 

Como última conclusión, es claro que necesitamos un cambio en el modelo actual alimentario basado en la maximización de beneficios de las grandes corporaciones, por otro que ponga a las personas y su salud presente y futura en el centro. Por ello  es urgente la creación de una política alimentaria que haga un giro de 180 grados y que asegure derecho a una alimentación sana a las mayorías sociales.

 

Javier Guzmán  Director de VSF Justicia Alimentaria Global.

 

[1]http://www.freshplaza.es/article/88272/La-ca%C3%ADda-de-los-precios-de-los-alimentos-en-Espa%C3%B1a-hace-que-crezca-el-consumo

[2] Elaboración propia. Los datos están tomados del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), la mayor base de datos independiente. Datos procedentes de fuentes oficiales y de publicaciones científicas que son recogidos y analizados por un consorcio de más de 1.600 personas investigadoras en 120 países, capturando datos de más de 300 enfermedades y lesiones en 188 países, desagregados por edad y sexo, desde 1990 hasta la actualidad, lo que permite comparaciones en el tiempo, a través de grupos de edad, y entre poblaciones.

[3] Suma de datos procedentes de tres fuentes: http://www.scielosp.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0213-91112008000600001  www.fundaciondiabetes.org/upload/articulos/113/Diabetes_Cost_Crespo_2013.pdf

Y Datos del Centro de Estudios Económicos y Empresariales (Cebr)

[4] http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/9580.pdf

Las medidas fiscales alimentarias, a debate. Publicado por Cinco Días

La evidencia científica es incuestionable. La alimentación insana es ya la primera causa de enfermedad y pérdida de calidad de vida en el mundo, también en el Estado español. La alimentación nos está enfermando. Es lo que más nos enferma y cada vez nos enferma más.

La alimentación insana es el principal problema sanitario del Estado. La dieta inadecuada es el factor de riesgo que más problemas causa en nuestra salud y es responsable del 21% de las muertes evitables, esto son 90.000 personas en nuestro país. Por cada día de salud que perdemos a causa del tabaco, perdemos cinco debido a la alimentación insana y sus riesgos asociados. El tratamiento de las enfermedades asociadas a la alimentación insana (dolencias cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer, afecciones como el sobrepeso o la obesidad) se lleva el 20% del presupuesto público de sanidad.

Con estos datos deberían haber saltado todas las alarmas y se debería haber abordado el problema de manera prioritaria por nuestros gobernantes, como así lleva años demandando la Organización Mundial de la Salud (OMS), o colectivos de la sociedad civil, como es la Alianza por una Alimentación Saludable. Si no lo hacen es porque evidentemente existen enormes intereses económicos que empujan hacia el lado contrario. Por ahora, podemos decir que en nuestro país van ganando, han conseguido que durante estos años desde el poder público no se haya hecho ningún tipo de regulación.

Además, estas enfermedades no nos afectan a todos por igual, ya que perjudican fundamentalmente a las clases con menos renta. Esto es así porque la comida sana es cara, cada vez más cara, lo que hace que amplias capas de la población de nuestro país no puedan acceder a ella. El estudio The rising cost of a healthy diet indicó que los precios de frutas y verduras han aumentado considerablemente desde 1990 (entre un 2% y un 3% al año en promedio, o un 55%-91% entre 1990 y 2012). Al mismo tiempo, la mayoría de los alimentos procesados estudiados son más baratos ahora que en 1990. Se calcula entonces que un 45% de la población española no puede pagarse una dieta saludable.

“La propuesta del Gobierno ha quedado enmarcada en un debate de índole recaudatoria”

En nuestro país, el debate sobre políticas públicas alimentarias y fiscalidad ha estado años fuera del debate institucional, y ahora ha aparecido repentinamente tras el anuncio del Gobierno de implantar un impuesto sobre las bebidas azucaradas, que afectará de manera especial al sector de los refrescos. Esto, que en principio es una buena noticia, esconde algunas deficiencias y amenazas.

La primera de ellas es que la propuesta ha quedado reducida y enmarcada en un debate coyuntural y de índole recaudatoria, cuando en realidad se trata del debate prioritario en el campo de la salud pública. El objetivo de este impuesto no debe ser meramente el recaudatorio, sino el desincentivar el consumo de este tipo de alimentación insana.

Además, sabemos poco del impuesto y de su alcance y profundidad. Somos conscientes que las grandes industrias presionan para que sea un impuesto limitado y muy reducido, que puedan trasladar fácilmente al precio sin que afecte a sus ventas, por tanto inútil. Para que este impuesto sea realmente efectivo desde un punto de vista de salud pública, debe ser como mínimo del 20% sobre el coste inicial si se quieren observar efectos reales en el consumo, como así lo recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Además, esta medida fiscal por sí sola no sirve para atacar la problemática de la mala alimentación, es imprescindible que exista una política fiscal alimentaria coherente con una política sanitaria. Por lo tanto, este tipo de impuestos que penalizan el consumo de bebidas azucaradas debe complementarse con otras medidas fiscales que abaraten la alimentación sana. Por ejemplo, implementar un IVA del 0% para frutas, verduras y demás alimentos básicos. No tiene sentido que en nuestro país el IVA de un Kit Kat sea el mismo que el de una manzana.

Javier Guzmán es director de VSF Justicia Alimentaria Global.

Necesitamos una política fiscal alimentaria. Publicado por Nueva Tribuna

No tiene ningún sentido que en nuestro país tenga el mismo IVA una Coca-Cola, un Kit Kat o una manzana desde el punto de vista sanitario.

 

La reducción del IVA a productos básicos como frutas y verduras, podría significar un descenso en la recaudación impositiva, pero podría verse compensado por el incremento del IVA a determinados alimentos de perfil nutricional claramente insano

La evidencia científica es incuestionable. La alimentación insana es ya la primera causa de enfermedad y pérdida de calidad de vida en el mundo, también en el Estado español. La alimentación nos está enfermando. Es lo que más nos enferma y cada vez nos enferma más. Esto es así porque los últimos 20 años nuestra dieta ha cambiado. El 70% de lo que comemos son alimentos procesados. Nuestra dieta ha cambiado y hoy en día consumimos un exceso de azúcares, grasas insalubres y sodio. Estos ingredientes críticos viajan a través de la alimentación procesada. En el Estado español se ha incrementado muy considerablemente el consumo de dichos ingredientes, a pesar de que la inmensa mayoría de la población sabe que hay que reducirlos. Esto no es debido a que de pronto todos los países al unísono nos hemos puesto de acuerdo en llevar una mala vida, se trata fundamentalmente del poder inmenso que la industria alimentaria ha ido ganando llegando a convertirse en un agente capaz de condicionar el sistema de producción, el consumo alimentario y las decisiones políticas.

Si nos fijamos en el Estado español, pueden atribuirse a la alimentación insana entre un 40-55% de las dolencias cardiovasculares, un 45% de las diabetes y entre un 30-40% de algunos cánceres como los de estómago y colon. Una estimación del impacto económico de las enfermedades asociadas a una dieta insana nos ayuda a poner sobre la mesa la magnitud del problema, en este son 20.000 millones de euros anuales, esto es el 20% del presupuesto en sanidad, y sigue creciendo. En palabras de la Directora de la OMS (Organización Mundial de la Salud) estas y otras enfermedades asociadas a la alimentación insana son las que van hacer saltar la banca.

Pero no nos engañemos, estás enfermedades no nos afectan a todos por igual, afecta fundamentalmente a las clases con menos renta. Esto es así porque la comida sana es cara, cada vez más cara lo que hace que amplias capas de la población de nuestro país no puedan acceder. El estudio “The rising cost of a healthy diet” analizó la evolución relativa de los precios entre dos grupos de alimentos: por un lado, aceites/grasas/azúcares y alimentos altamente procesados; y por el otro, frutas y verduras. Se realizó en Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, México y República de Corea. El resultado indicó que los precios de frutas y verduras han aumentado considerablemente desde 1990 (entre un 2% y un 3% al año en promedio, o un 55-91% entre 1990 y 2012). Al mismo tiempo, la mayoría de los alimentos procesados estudiados son más baratos ahora que en 1990. Se calcula entonces que un 45% de la población española no puede pagarse una dieta saludable. Ni siquiera estamos hablando de alimentación ecológica o local, cuyo precio medio está un 35% más cara que la convencional, si no simple y llanamente seguir las recomendaciones nutricionales básicas. Por tanto condenadas a enfermar de algo totalmente evitable.

Frente a esta realidad es evidente y urgente que necesitamos una política fiscal alimentaria que esté en coherencia con la política sanitaria, y que en resumida cuenta favorezca el acceso a la alimentación sana y grave los alimentos considerados perjudiciales.

Esto no es nada nuevo, el Plan de Acción Europeo sobre Alimentación y Nutrición 2015-2020 para la región europea de la OMS, contempla como línea de acción prioritaria la aplicación de políticas fiscales y de precios que influyan sobre la elección de los alimentos.

No tiene ningún sentido que en nuestro país tenga el mismo IVA una Coca-Cola, un Kit Kat o una manzana desde el punto de vista sanitario. El Reino Unido, por ejemplo, aplica un IVA del 0% a la mayoría de los alimentos, mientras que aperitivos salados, zumos de frutas, refrescos o golosinas están gravados con el 20%.

La reducción del IVA a productos básicos como frutas y verduras, podría significar un descenso en la recaudación impositiva, pero podría verse compensado por el incremento del IVA a determinados alimentos de perfil nutricional claramente insano.

Que la alimentación insana sea una epidemia silenciosa no quiere decir que no exista, ni que nuestros gobernantes no sean conscientes. Es urgente el establecimiento de medidas que rectifiquen el actual estado de la situación si no queremos condenar a las generaciones siguientes, solo por el interés de la gran industria alimentaria.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Campaña Dame Veneno en Barcelona Televisió

btvhttp://www.btv.cat/alacarta/basics-btv/47480/

 

Intervención de VSF en el Congreso de los Diputados, Impactos de los tratados TTIP y CETA en la alimentación

Alerta alimentaria en Chile. Publicado por Nueva tribuna y Público

Hace pocos días ha entrado en vigor en Chile un nuevo reglamento alimentario para que todos aquellos alimentos altos en calorías, azúcares, sodio y grasas saturadas, tengan una advertencia en la cara principal de su envase donde se informe sobre el alto contenido de dichos nutrientes. Esto se hará a través de un logotipo impreso: un octágono, de fondo negro y letras blancas, con la leyenda “Alto en” similar a un signo “STOP”. Además, en los colegios se prohibirá la venta de estos productos.

Producto alimentario con el nuevo etiquetado en Chile.

En publicidad  se ha aprobado que estos  alimentos no puedan publicitarse en medios dirigidos a menores de 14 años. Productos como el huevo Kinder  y otros con perfiles nutricionales semejantes, ya no podrán ser publicitados a la población infantil en Chile. En Chile la reacción del lobby alimentario ha sido tan fuerte que el propio senador Gido Gerardi que presenta la moción ha declarado que “vamos a presentar una moción que establezca que -ante estas presiones tan graves- haya clausura de las empresas que no cumplan con la ley, porque las multas para ellos es algo irrisorio”.Agregó también que “regularemos que los canales de distribución como supermercados no puedan poner en sus góndolas productos no rotulados que incumplen la ley” y anunció una campaña pública “para dar a conocer cuáles son las malas empresas y que reciban una sanción social.

En España, en cambio, la industria tiene barra libre, sin ningún tipo de regulación pública sobre este asunto y donde todo vale, aunque nuestra tasa de obesidad infantil sea la primera de la Unión Europea y segunda del mundo, por supuesto con índices de obesidad general muy por encima de Chile.

¿Qué ha pasado para que países como Chile regulen y ataquen la comida insana y procesada?

En España por ejemplo, actualmente el 70% de nuestra dieta está basada en alimentos procesados

En las últimas décadas, llevados por el enorme poder acumulado por las grandes corporaciones de alimentación industrial el mundo está experimentando una dramática transición nutricional. De dietas locales, adaptadas y sostenibles a una dieta industrial “occidentalizada”. Este cambio en la dieta es la principal causa de un aumento exponencial de la obesidad y enfermedades no transmisibles (ENT). En España por ejemplo, actualmente el 70% de nuestra dieta está basada en alimentos procesados.

Además el sistema alimentario actual está destruyendo el medio ambiente del que depende nuestro futuro. Este sistema genera más del 30% de los gases de efecto invernadero antropogénico (GEI) las emisiones, además  es la principal causa de la deforestación, el cambio del uso del suelo y la pérdida de biodiversidad, si esto no fuera poco representa el 70% de todo el consumo humano de agua y es una fuente importante de agua tóxica. Si hablamos del medio marino, pues otro tanto de lo mismo donde las actuales prácticas pesqueras están acabando con las principales especies que nos alimentan.

Sin embargo, detrás de este enorme gasto y destrucción de recursos naturales, el resultado no puede ser peor. Si bien este sistema alimentario genera la suficiente comida para alimentar sin problemas a más de 7 mil millones, su extrema desigualdad hace que gran parte de la población, la mitad que cuenta  con menos recursos, no puedan acceder a una alimentación adecuada. Los efectos en nuestra salud son pavorosos, según los últimos datos del macroestudio Global Burden of Disease (Coste mundial de la enfemedad) (1), que publicó recientemente ‘The Lancet’, es una dieta inadecuada el factor de riesgo que más problemas causan en nuestra salud y es responsable del 21% de las muertes evitables. Lo podemos decir de otra manera: casi una de cada 4 personas que muere en el mundo lo hace a causa de una dieta inadecuada y esa muerte seria evitable.

alerta-alimentaria

En conjunto, es una dieta inadecuada lo que más problemas causa en nuestra salud. El estudio ha analizado 14 factores de riesgo relativos a la alimentación por separado que, en combinación, fueron responsables de ese 21% de las muertes. En diez países europeos, incluido España, las investigaciones muestran que la obesidad duplica las probabilidades de no poder vivir una vida activa normal.

En el caso de España, además, se constata que el principal factor de riesgo que está reduciendo la salud de la población, es el alimentario.

Es obvio exigir un cambio de rumbo a las actuales políticas alimentarias, un cambio de rumbo radical y urgente hacia una alimentación que tenga como objetivo alimentar a la población de una forma adecuada y sana y con el menor impacto posible en el medioambiente. Es necesario sacar las políticas alimentarias y agrícolas del ámbito de lo “sectorial” y llevarlas al primer plano del debate político. Todas las grandes políticas globales que aparecen en las agendas internacionales como los Objetivos de Desarrollo de la ONU  (ODS) o el Acuerdo de París sobre cambio climático, no se podrán conseguir sino se aborda una transformación del actual sistema alimentario.

Un cambio de dieta hacia una sostenible podría reducir la mortalidad hasta un 10% y disminuir entre un 29% y 70% los gases de tipo invernadero derivados del sistema alimentario

Sin embargo, tenemos buenas noticias. Sabemos que un cambio de dieta hacia una sostenible, podría reducir la mortalidad (i) hasta un 10% y disminuir entre un 29% y 70% los gases de tipo invernadero derivados del sistema alimentario. De no acometerse un cambio radical, los problemas se irán agravando de una manera acelerada por cuanto la población crece, es más urbana y su alimentación exigirá mayor intensidad de recursos y por otro lado calorías baratas, aumentando los problemas de obesidad y enfermedades derivadas.

Para abordar este problema no vale con campañas de  marketing, y campañas de promoción “estilo de vida saludable” que no son que nada más que operaciones cosméticas.

Es necesario abrir un debate político profundo y  empezar a generar una Política Alimentaria. Una política que supera el actual sistema estancado sectorial que no permite un abordaje integral de la problemática, y así vemos que  tenemos políticas económicas, agrarias, sanitarias, totalmente descontentadas unas de otras etc.. todas menos una política alimentaria capaz de alinearse con objetivos de salud pública y lucha contra el cambio climático.

Esta debe tener, como se puede intuir, diferentes aspectos y focos, pero es necesario priorizar la problemática que más incide en el actual desequilibrio del sistema. Este sería fundamentalmente el del  acceso a comida sana. Para ello se ha de reformular la actual composición de los precios, para  hacerlos asequibles al grueso de la población, para ese 50% de la población del que hablaba más arriba. Por tanto el cambio hacia una política fiscal coherente con los objetivos sanitarios es imprescindible. Además necesitamos un sistema de producción local y sostenible, que pasa obligatoriamente por un apoyo directo a los pequeños agricultores y por último una política de inversión en la creación de infraestructuras de comercialización, almacenamiento y distribución de pequeña escala. Necesitamos sistemas eficaces de protección al consumidor, sobre todo a los menores de edad, regulaciones como la que entrará en vigor a final de este mes en Chile.

Teniendo en cuenta estos datos no podemos seguir negando que el cambio del sistema es tan hondo y urgente que no podemos esperar que sean las propias multinacionales que lo han creado las que luchen contra él, como, por otro lado, nuestros gobiernos nos piden que hagamos.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global


(1) http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(15)60692-4/fulltext
(i) Springmann M, Godfray C, Rayner M, Scarborough P. Analysis and valuation of the health and climate change cobenefi ts of dietary change. Proc Natl Acad Sci USA 2016