Archivo de la categoría: Uncategorized

Entrevista en Cadena Dial . Campaña Dame Veneno

 

 

http://www.cadenadial.com/2017/90-000-espanoles-mueren-al-ano-a-causa-de-la-mala-alimentacion-javier-guzman-116598.html

Anuncios

¿Quién protege a nuestros hijos de la alimentación insana? Publicado por Bioeco

Cuando hablamos de los niños y niñas todos entendemos y sabemos que tienen capacidades cognitivas distintas y que por ello además cuentan con marcos regulatorios propios de especial protección que además se recoge en la propia Convención de los Derechos del Niño de la ONU. Estos derechos son independientes de la familia, y el Estado tiene la obligación de protegerlos.

Pues bien estos consensos sociales y jurídicos desparecen automáticamente cuando hablamos del derecho  de los niños y niñas a una alimentación saludable.

Las cifras de obesidad infantil en el Estado español son exorbitantes, siendo ya uno de los peores países de Europa en tasa de sobrepeso y obesidad infantil, afectando ya  al 45% de los niños y niñas. Sabemos además  que este aumento de obesidad está directamente relacionado con el aumento de consumos de alimentos procesados con alto porcentaje de azúcar, grasas y sal, especialmente los destinados a la población infantil. En España ya el 70% de lo que consumimos es alimentación procesada, y cuando hablamos de niños aún es superior.

La administración pública y las grandes empresas nos repiten hasta la saciedad, que la responsabilidad de la obesidad infantil es exclusiva de los padres, que no educan a los niños, que no los alimentan bien, que no hacemos lo que debemos.

Se trata de una gran mentira, los niños no eligen como alimentarse, además no tienen capacidad ni elementos para tomar una decisión informada sobre las consecuencias de elegir un alimento u otro. Resulta evidente que cuando existe un peligro para la salud de la población infantil, el Estado ha de actuar para protegerlos, pero sin embargo el vacío indecente lo encontramos cuando hablamos de los riesgos de salud y enfermedades  asociadas a la alimentación. En este caso, el deber del Estado español desaparece, se esfuma ante nuestros ojos.

Así observamos como nuestros hijos e hijas viven permanentemente rodeados de un ambiente obesogénico en crecimiento, determinado por la enorme presión de la publicidad de alimentación insana que tiene como target principal la población infantil. El mayor estudio realizado en España sobre la publicidad televisiva de alimentos dirigidos a los niños, realizado por la Escuela Nacional de Salud Pública, ha concluido que la mayoría de los productos que se anuncian como saludables en realidad tienen altos contenidos en azúcar, grasas u otros ingredientes que los hacen malos para la salud. El estudio además constata que los menores reciben 7.500 impactos al año de mensajes que les dicen que coman un producto que no es saludable. Pero seguimos por si quedan dudas,  la  Gaceta Sanitaria publicó recientemente un estudio que muestra cómo los productos de alimentación menos saludables son los que más se dirigen a la población infantil. El 82% de los anuncios de alimentación procesada destinados a niños y niñas publicitan productos con un contenido elevado de sal, grasas o azúcares refinados, frente al 33% de la publicidad dirigida a la población adulta.

Las preguntas entonces son obvias ¿Por qué en el Estado español no se prohíbe la publicidad de alimentación insana dirigida a la población infantil? ¿Cuál es la responsabilidad del Estado en la creciente epidemia de obesidad infantil? ¿Por qué a nadie le preocupa que el Estado incumpla permanentemente su deber de promover, proteger, respetar y garantizar los derechos humanos del niño? ¿Por qué las grandes empresas de alimentación tienen derecho a promocionar sus productos procesados en el libre mercado aunque esto vulnere los derechos de los niños?

Necesitamos urgentemente una movilización de la sociedad civil que obligue al Gobierno a aplicar y garantizar los derechos de la Convención de los derechos del niño y prohíba de una vez por todas, la publicidad de alimentos insanos dirigidos a nuestros hijos e hijas.

Autor: Javier Guzmán, Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Comparecencia en el Congreso de los Diputados. Campaña #DameVeneno

Comparecencia del día 18 de Octubre en la Comisión de Sanidad y Servicios sociales del Congreso de los Diputados para reclamar un cambio en las actuales políticas alimentarias.

 

https://t.co/bl3ZzLfEEK

El tamaño sí que importa. Publicado por BIOECO

Existe una vinculación del tamaño de la explotación con su capacidad de producción de alimentos con diversidad funcional y la provisión de nutrientes clave.

 

Ya sabemos por las propias declaraciones de la OMS que la alimentación insana basada en productos procesados es el mayor problema de salud pública a nivel mundial, y el causante del 21% de las muertes por enfermedad evitables. En el Estado español su impacto ya provoca más del 30% del total del gasto sanitario.

En muchos países, entre los que no se encuentra el nuestro, se están comenzando a seguir las recomendaciones de la propia OMS en cuanto a implementación de políticas públicas y regulaciones que tengan como objetivo cambiar nuestra dieta actual hacia una más sana, basada en productos frescos y disminuyendo en la misma la presencia de los elementos críticos más relacionados con la mala alimentación como es el azúcar, las grasas y la sal.

 

De esas políticas y regulaciones podemos destacar las orientadas a la prohibición de la publicidad infantil de ese tipo de productos, medidas fiscales, de mejora de etiquetado y de establecimiento de planes de compra pública de alimentos para escuelas, etc.

Estas medidas sabemos que son urgentes y necesarias, pero no suficientes

Si seguimos el hilo de la cadena alimentaria, nos daremos cuenta de que si queremos alimentos saludables, en cantidad y calidad y con un precio asequible para la mayoría de la población, necesitamos un sistema alimentario y agrario que los proporcione. Por tanto, si los gobiernos quieren atajar los problemas de salud derivados del actual patrón de alimentación y prevenir la obesidad y la diabetes, deben comenzar por establecer políticas agrarias distintas.

Lo que sabemos hasta ahora es que los sistemas agrarios altamente industrializados propor­cionan alimentos diversos, asequibles, abundantes y de calidad variable, pero también fomentan dietas menos saludables.  Así, mientras la población de los países con sistemas agrarios altamente industrializados consume al año entre 80 y 90 kilogramos por persona de alimentos ultra-­procesados de gran densidad energética, altas cantidades de grasas insalubres, sal añadida, azúcares refinados y bajas cantidades de micronutrientes esenciales, la población de sistemas alimentarios rurales y emergentes, en cambio, consume 20 kilogramos de estos alimen­tos ultra-procesados por persona cada año. Y claro, es evidente que además estos sistemas industriales y globalizados están vinculados a un tipo de explotación caracterizada por ser grande e intensiva en uso de agroquímicos y recursos naturales.

Varios estudios además han mostrado vínculos entre el modelo de  agricultura y la diversidad alimentaria, y se ha informado que la diversidad de los suministros alimentarios nacionales se ha vuelto más homogénea con el tiempo, lo que suscita preocupación por la evolución de la diversidad nutricional global. La investigación realizada por  la prestigiosa revista The Lancet sobre salud global y publicada en el pasado Abril, demuestra una vinculación del tamaño de la explotación con su capacidad de producción de alimentos con diversidad funcional y la provisión de nutrientes clave, mostrando que tanto la producción como la diversidad de nutrientes disminuyen al aumentar el tamaño de la finca. Encontraron que la mayoría de las granjas grandes (> 50 ha) están situadas en América del Norte y América del Sur, Australia, y Nueva Zelanda, y producen 75-100% de todos los cereales, ganado y fruta en estas regiones, mientras que las pequeñas (<20 ha) que se encuentran en África subsahariana, Asia, Asia sudoriental y China producen el 75% de los alimentos. Además, la mayoría de los alimentos producidos en pequeñas fincas provienen de sistemas agrarios diversos que generan una enorme variedad de verduras, frutas, tubérculos, pescados, etc…y, en cambio, la  mayor parte de los cultivos relacionados con alimentación procesada, como el azúcar y el aceite, se producen a partir de explotaciones de gran escala.

La agricultura campesina y de pequeña escala no sólo es beneficiosa para garantizar el derecho a la alimentación de la mayoría de la población, sino que es imprescindible  para asegurar la salud de  las generaciones presentes y futuras. Para ello, los gobiernos han de implicarse de manera determinante en un cambio drástico de las actuales políticas agrícolas, para que apuesten por un modelo de agricultura campesina, basada en modelos sostenibles de producción y distribución en circuitos cortos, y para ello urge  una reforma profunda para garantizar el acceso a los recursos para producir, entre ellos y de forma principal, a la tierra.

Javier Guzmán 
Director de VSF Justicia Alimentaria Global

La leche de los pobres. Publicado por el Periódico.

Como en los años del hambre de la posguerra, parece que ha vuelto la fiebre de repartir leche a los niños, quiero decir a los niños pobres claro.

El Departament d’Agricultura de la Generalitat de Catalunya ha destinado este curso 160.000 euros a una prueba piloto que consiste en repartir un vaso de leche diario en los centros escolares de infantil y primaria de “alta complejidad”, un eufemismo para distinguir a los colegios e institutos con una alta concentración de niños y niñas en riesgo de exclusión social, y basan este proyecto en la mayor necesidad de garantizar una alimentación saludable de estos alumnos. De los 350 centros de alta complejidad censados en Catalunya, solo 88 se han acogido a la campaña.

La leche de los pobres

Sin tener aún datos objetivos del resultado de la prueba piloto, para el próximo curso el ‘Pla de llet’ a les escoles se hará extensivo al resto de centros escolares, con un presupuesto de 2,5 millones de euros. Todo esto nos hace sospechar que se utilizan los centros escolares para colocar unos excedentes de leche derivados de un modelo de producción lácteo totalmente desregulado.

Nos han hecho creer el discurso neoliberal sobre la alimentación, donde parece que comer cada día es una elección libre

VULNERACIÓN DE UN DERECHO

Pareciera por esta iniciativa, que los niños con menos recursos se han puesto en huelga y han decidido no tomar suficiente leche. No parece que sea así, más bien lo que realmente subyace en estos anuncios de caridad y que debería llamarnos la atención es el reconocimiento de facto de una dramática vulneración del derecho de acceso a una alimentación sana y adecuada de miles de niños.

Si hay esta enorme cantidad de familias que no pueden comprar leche, tampoco van a poder comprar fruta, verdura, pescado, carne de  calidad, etcétera. No es la leche, es la alimentación lo que falla, y con repartir cartones de leche no solo no se arregla nada, sino que se desvía el foco de la vulneración de un derecho humano a una especie de mala suerte que el sistema privado arregla.

En Catalunya hay 330.000 niños y niñas de menores de 16 años (un 27 % de población infantil) por debajo del umbral pobreza, de los que no todos disponen de beca comedor que les garantice una comida diaria. La jornada intensiva en los institutos públicos catalanes ha acabado con los comedores escolares obligando a los alumnos en riesgo de exclusión social a acudir a comedores sociales para poder asegurar una comida al día.

Podemos decir sin miedo a equivocarnos que  para el Estado no existe el derecho a la alimentación en nuestro país.

SISTEMA DUAL DE ALIMENTACIÓN

Está claro que nadie se pregunta si el acceso a la sanidad o la educación son derechos que ha de garantizar el Estado, y que además deben estar regulados por ley, en cambio nos parece normal y evidente que la alimentación no debe ser protegida. Lamentablemente, nos hemos acostumbrado, y los primeros los poderes públicos, a aceptar vivir inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor y una inmensa mayoría lo hace cada vez peor, pagando con su salud.

Nos han hecho creer a todos el discurso neoliberal sobre la alimentación, donde pareciera que comer cada día, fuera una elección libre, un tema individual, de gusto, de decisión propia, como el que compra un reloj o un teléfono, comparándolo por tanto con cualquier mercancía. La salud y la alimentación aparecen como una mera opción de vida, un estilo, vaya. Y si su hijo, por padecer pobreza no come bien, le regalamos un vaso de leche, cortesía del Departament d’Agricultura.

Nos hemos acostumbrado a vivir inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor y una inmensa mayoría lo hace cada vez peor

Sin embargo, sabemos que la responsabilidad fundamental de los Gobiernos, entre ellos el de la Generalitat, es garantizar una alimentación sana y nutritiva a la mayor parte de las personas, tal y como se reconoce en la carta de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Pero prioritariamente a las que tienen menos recursos, por lo tanto, trabajar en su accesibilidad, tanto desde el punto de vista del precio, como desde el punto de vista de distribución.

No tiene sentido que una política basada en el derecho a alimentación excluya a sus poblaciones más vulnerables, como la infantil, o que las condene directamente a la beneficencia a través de bancos de alimentos. Es urgente entonces, el reconocimiento efectivo del derecho a la alimentación y regulación del mismo, así como el establecimiento de una política de compra pública de alimentos sanos, locales y ecológicos que priorice la escuela pública y aquellas situadas en barrios de menor renta, con el objetivo de conseguir la gratuidad y el acceso universal al comedor escolar

No se trata de repartir comida, sino de garantizar que la integralidad de la cadena alimentaria y agrícola garantice el derecho a la alimentación sana y adecuada.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

María Jose Morillas y Mario Parra, miembros de la FAPAC

La agricultura del futuro o la batalla por los datos en la red. Publicado por Nueva Tribuna

La expansión del actual modelo capitalista basado en el desarrollo de nuevas tecnologías antes o después tenía que llegar a la producción de alimentos. La alimentación es un enorme y jugoso mercado en que ya han desembarcado las grandes corporaciones y fondos de inversión para poner en marcha lo que han venido a llamar la “nueva revolución verde”.

No es difícil ver ya el desarrollo y uso de drones, robótica aplicada de diferente tipo, tractores sin conductor o todo lo que puedan llegar a imaginar.

Pero el gran negocio no es ese, la gran pelea de las corporaciones del agronegocio realmente es el control y acaparamiento de datos, el ‘data grabbing’.

Los últimos años estamos siendo testigos del espectacular crecimiento de inversión, al igual que en otros sectores, en la creación de enormes plataformas de información, en este caso de información agrícola y ganadera.

¿Para qué sirven estos datos? Pues para recolectar datos críticos para la producción, ya sean meteorológicos, de suelos, fertilidad, cultivos, plagas, desarrollo de animales en granja, enfermedades, producción etc…  procesarlos, almacenarlos en la nube, para devolverlas después en forma de información inteligente para el manejo de los cultivos, de forma que se producirían un gasto más eficiente de insumos, y en eso están los sabios de Silicon Valley, le llaman “Smart Farm” o Agricultura de precisión. Esta tecnología a través de sensores, teléfonos, tablets le dirán a los agricultores que tipo y cantidad de agroquímico, fertilizante, semilla, agua etc., han de utilizar y de una manera más eficiente. Ya les dirán también dónde han de comprar sus insumos, sobre todo los que tienen que ver con el paquete agroquímico y a buen seguro recibirán ofertas personalizadas. Su estrategia no es distinta a la de otras aplicaciones y plataforma de la red, utilizar servicios gratuitos o a bajo coste para conseguir a cambio sus datos.

Detrás de este modelo tecnificado y aparentemente eficiente e inocuo se encuentra en realidad una vuelta de tuerca más al modelo de agricultura industrial que se viene desarrollando desde los años 60, y que finalmente ha supuesto un enorme fracaso en cuanto a productividad, generando además enormes problemas sanitarios y medio-ambientales, así como desaparición de población rural.

Es claro que no tiene sentido histórico estar en contra de la expansión y desarrollo de la revolución industrial más importante del siglo XXI, con la que de hecho ya estamos conviviendo, es más, mucho de estos desarrollos serán sin duda beneficiosos para la agricultura. El debate no es por tanto tecnología sí o no. El debate que afectará al corazón de nuestra alimentación será el control de estos datos, y su aplicación a qué modelo de agricultura y alimentación, porque cuando hablamos de datos hablamos en realidad de un recurso crítico como lo es la tierra, el agua y las semillas.

Estás tecnologías deben ser dirigidas hacia el objetivo del bien común, los datos no pueden representar una pérdida más de nuestro control sobre lo que producimos y comemos como fue hace décadas por ejemplo la patente de las semillas por grandes empresas o el proceso brutal de acaparamiento de tierras y agua.

No se trata por tanto de un debate técnico sino fundamentalmente político. Es imprescindible reivindicar el papel de lo público, porque será necesario a corto plazo la aplicación de regulaciones y establecimiento de políticas públicas que garanticen el acceso a estos dados y tecnología a través de diferentes estrategias como la inversión pública en innovación, desarrollo de software libre etc., con el objetivo de asegurar que esta tecnología está adaptada al desarrollo de un modelo, una agricultura familiar sostenible de pequeña escala.

No podemos resignarnos que la actual y previsible expansión de las nuevas tecnologías otorgue un grado más y posiblemente definitivo de poder a las grandes transnacionales sobre nuestra alimentación, la disyuntiva es la misma, o seguimos ahondando en un sistema industrial y globalizado de la alimentación o uno basado en los principios de la soberanía alimentaria. Se trata de una cuestión política crucial  y en el centro estará la batalla sobre quién será la soberana de los datos, las grandes corporaciones del agro o los agricultores y consumidores.

Los datos son nuestros. No debemos tardar en ver la organización de cooperativas no solo de producción y consumo, sino también de datos.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

No solo palma (aceite). Publicado por Nueva Tribuna

Es muy probable que a estas alturas usted ya haya oído hablar el aceite de palma. Los medios de comunicación no han tenido otra que sacarlo a la luz después de la evidencia científica y presión de las organizaciones sociales. Ya le habrán contado que consumimos aceite de palma cada día, que está presente en todos lados, bollería industrial y chocolatinas, pizzas, cereales… Bueno, en todos lados no, únicamente en alimentos procesados. Pero esto no es nuevo, hace 30 años la industria alimentaria apostó por estas plantaciones pasando entonces de una producción de 1,5 millones de toneladas a los 50 millones de toneladas de hoy, con las consecuencias brutales de expansión de monocultivos, expulsión de familias campesinas, acaparamiento de tierra y recursos hídricos, uso de agrotóxicos, pérdida inmensa de biodiversidad, etc..

También habrá oído que genera problemas de salud muy importantes como cánceres o cardiopatías. Parece que empieza a haber cierto consenso en que habría que limitar el consumo de este producto nocivo e incluso se ha presentado una propuesta no de ley en este sentido. Y esto es urgente y necesario, pero no nos podemos parar ahí. La cuestión no se trata tan solo de eliminar el aceite de palma sino abordar políticamente una problemática que está condicionando nuestra salud presente y futura. Se trata de la alimentación insana derivada del exceso de alimentos procesados y ultraprocesados en nuestra dieta.

El 70% de lo que comemos son alimentos procesados

La evidencia científica es incuestionable. La alimentación insana es ya la primera causa de enfermedad y pérdida de calidad de vida en el mundo, también en el Estado español. Tal y como se recoge en la campaña “Dame Veneno” que lanzó VSF Justicia Alimentaria Global hace unos meses, la alimentación nos está enfermando. Esto es así porque los últimos 20 años nuestra dieta ha cambiado. El 70% de lo que comemos son alimentos procesados. Es en estos productos donde viajan los ingredientes críticos, que son la sal, el azúcar y la grasa, también el del aceite de palma. Pero si observamos qué está pasando con productos como el azúcar o la carne proveniente de la ganadería industrial nos daremos cuenta que son iguales a la palma tanto en el funcionamiento de la cadena de producción, grandes multinacionales, explotación, conculcación de derechos humanos, ataque al medio ambiente como en sus efectos en la salud de los ciudadanos.

En el Estado español se ha incrementado muy considerablemente el consumo de dichos ingredientes críticos, a pesar de que la inmensa mayoría de la población sabe que hay que reducirlos. Esto no es debido a que de pronto todos los países al unísono nos hemos puesto de acuerdo en llevar una mala vida, se trata fundamentalmente del poder inmenso que la industria alimentaria que ha ido ganando llegando a convertirse en un agente capaz de condicionar el sistema de producción, el consumo alimentario y las decisiones políticas.

90.000 muertes evitables al año

Así en el Estado español, pueden atribuirse a la alimentación insana 90.000 muertes evitables al año, entre un 40-55% de las dolencias cardiovasculares, un 45% de las diabetes y entre un 30-40% de algunos cánceres como los de estómago y colon. Una estimación del impacto económico de las enfermedades asociadas a una dieta insana nos ayuda a poner sobre la mesa la magnitud del problema: 20.000 millones de euros anuales. Esto es el 20% del presupuesto en sanidad, y sigue creciendo. En palabras de la Directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estas y otras enfermedades asociadas a la alimentación insana son las que van hacer saltar la banca.

Además sabemos que estás enfermedades no nos afectan a todos por igual, sino que afectan fundamentalmente a las clases con menos renta. Esto es así porque la comida sana es cara, cada vez más cara lo que hace que amplias capas de la población de nuestro país no puedan acceder. El estudio “The rising cost of a healthy diet” analizó la evolución relativa de los precios entre dos grupos de alimentos: por un lado, aceites, grasas, azúcares y alimentos altamente procesados; y por el otro, frutas y verduras. Se realizó en Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, México y la República de Corea. El resultado indicó que los precios de frutas y verduras han aumentado considerablemente desde 1990 (entre un 2 y un 3 por ciento al año en promedio, o un 55-91 por ciento entre 1990 y 2012. Al mismo tiempo, la mayoría de los alimentos procesados estudiados son más baratos ahora que en 1990.

Se calcula entonces que un 45% de la población española no puede pagarse una dieta saludable. Ni siquiera estamos hablando de alimentación ecológica o local, cuyo precio medio es un 35% más caro que la convencional, si no simple y llanamente seguir las recomendaciones nutricionales básicas. Por lo tanto, están condenadas a enfermar de algo totalmente evitable. En resumen estamos inmersos en un sistema dual de alimentación, donde unas élites se alimentan cada vez mejor, y una inmensa mayoría lo hacemos cada vez peor, pagando con nuestra salud el beneficio de un puñado de multinacionales.

Medidas que no pueden esperar

Frente a esta realidad es evidente que necesitamos urgentemente una política alimentaria que priorice los objetivos de salud pública, como ya están haciendo varios países de nuestro entorno y que tiene que pasar por establecer una política fiscal alimentaria orientada a abaratar los precios de los alimentos con buen perfil nutricional y encarecer los alimentos con mal perfil nutricional (alimentos insanos). La prohibición de la publicidad de alimentos y bebidas malsanas dirigida a la infancia. Y finalmente, establecer un etiquetado obligatorio para todos los productos alimenticios y bebidas que indique de manera sencilla y clara si contienen altas, medias o bajas cantidades de los ingredientes implicados en las enfermedades vinculadas a su consumo excesivo, en función de las recomendaciones de la OMS.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria