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TTIP: La Carne que nos matará. Publicado en Nuevatribuna.es

Las grandes empresas cárnicas estadounidenses necesitan urgentemente derribar las restricciones al uso de antibióticos en Europa y así poder comercializar y producir a mayor escala.

Un 35% de la cosecha de grano del mundo (760 millones de toneladas) es utilizada con fines de producción animal

Las últimas décadas el consumo de carne a nivel mundial no ha parado de crecer, desde 44 millones de toneladas en 1950 a 284 millones de toneladas en 2009 y todo indica que así será los próximos años. Este aumento de consumo de carne lleva obviamente aparejada un aumento de la producción animal, lo cual genera enormes problemas de sostenibilidad, consumo de agua y de competencia directa del derecho a la alimentación de millones de personas, así se estima que un 35% de la cosecha de grano del mundo (760 millones de toneladas) es utilizada con fines de producción animal.

El sector cárnico, en las últimas décadas y de forma paralela, ha sufrido una enorme transformación marcada por una mayor industrialización y verticalización del sistema de producción. Así vemos cómo en pocos años este proceso ha hecho desparecer silenciosamente miles de granjas familiares y la aparición en su lugar de Factorías o fábricas de producción animal, cada vez más grandes y por eso es cada vez es más frecuente encontrarse en la prensa el fenómeno de las mega granjas, con cientos y miles de animales. En este momento solo las cuatro primeras empresas cárnicas controlan el 85% del mercado mundial.

EL USO DE ANTIBIÓTICOS

Pero para que este despropósito de factorías de miles animales hacinados haya sido posible es imprescindible contar con la inestimable ayuda de los antibióticos, el consumo del cual no ha hecho nada más que crecer. Las sustancias antimicrobianas se emplean en veterinaria con fines terapéuticos y profilácticos para tratar infecciones. Pero los antibióticos también pueden ser empleados en producción animal por otras dos razones, además de la curativa. Las dos razones son la preventiva y como promotores de crecimiento. Las condiciones de la ganadería industrial ha provocado un grado variable, pero existente, de inmunosupresión en los animales haciéndolos más propensos a enfermar.

Tal es su importancia que el aumento masivo y global de la producción de carne en factorías se prevé que en el año 2030 su uso se habrá incrementando en un 67 por ciento, lo que representa una “amenaza para la salud pública”, según afirma un estudio recientemente publicado en el Proceedings of the National Academy of Scientists (PNAS) de Estados Unidos.

El uso de antibióticos se duplicará en Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) debido a la transformación de su sector hacia sistemas .El estudio además afirma que el uso de antibióticos ya está dando lugar a una crisis de resistencia a los antibióticos en los EE.UU y en la Unión Europea.

Según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (año 2012), la resistencia de la bacteria Salmonella spp. aislada de los casos que han afectado a humanos, se sitúa cerca del 50% para los antibióticos más utilizados. Es decir, que la mitad de la veces que alguien enferma de Salmonella y es tratado con antibióticos, estos no funcionan. La media europea se sitúa entre un 25 y un 30% en función del antibiótico. En el caso de Campylobacter, las cepas aisladas en los casos que han afectado a humanos, vemos que más del 80% de las cepas aisladas que afectaban a humanos en España eran resistentes a los seis antibióticos más usados. Y finalmente, analizando las cepas de Escherichia coli aislada en los casos de contaminación de alimentos vemos que para la carne de pollo la resistencia rondaba el 30% y para la carne de cerdo el 25%. No solamente la EFSA confirma esta situación, así según datos del atlas mundial de la OMS, en España la tasa deEscherichia coli (responsable, por ejemplo, del 80% de infecciones urinarias) es resistente al 34,5%.

En la Unión Europea la Directiva 1831/2003 prohibió los llamados Antibióticos Promotores del crecimiento en Europa a partir del 2006. Es decir, no se pueden administrar estas substancias (normalmente a través del agua de bebida, pienso o a través implantes subcutáneos en los animales) en la producción animal europea. Aún así según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades calcula que la resistencia a los antibióticos provoca cada año25.000 muertes

Aunque, como vemos, la situación europea dista de ser ideal, sí es cierto que se han dado pasos importantes en el control del excesivo uso de antibióticos para ganadería. Lo que nos encontramos en EE.UU respecto de los antibióticos promotores del crecimiento, por el contrario, ha sido, y es, muy diferente. Los antibióticos son usados de forma rutinaria en la producción animal estadounidense, como lo habían estado en la UE antes de 2006. De acuerdo con la FDA, aproximadamente el 80% de todos los antibióticos usados en los Estados Unidos se destinan a ganadería y solamente el 20% a la salud humana.

De estos datos se podría desprender que estamos frente a los efectos colaterales de un proceso de evolución normal del sector, pero nada más lejos de la realidad, son en verdad el resultado directo de la aplicación de políticas públicas con el objetivo de favorecer los intereses de grandes corporaciones cárnicas. Así en Estados Unidos el número de factorías de vacuno lechero se han doblado (incremento del 93%) en la última década y actualmente agrupan a más de 5 millones de vacas, una media de 650 vacas, cada día, han pasado a ser criadas en este tipo de explotaciones ganaderas.

El número de animales destinado a vacuno de carne en granjas factoría (los famosos feedlots) agrupan a más de 14 millones de animales, añadiendo 1.100 animales cada día en la última década a estos sistemas de producción. La media de una granja de feedlot en EEUU es de 3.800 animales.

Por lo que respecta a la producción de carne de cerdo, en una década se han incrementado un 36% el número de granjas factoría y actualmente más de 65 millones de cerdos se producen en este tipo de granjas. 4.600 animales, cada día, han pasado a engrosas las filas de este tipo de producción. El tamaño medio de las granjas se ha incrementado un 42% y actualmente es de 5.200 animales.

EL TTIP, UNA AMENAZA PARA LA SALUD PÚBLICA

Estas grandes empresas necesitan ahora una vuelta de tuerca más, se trata del ensanchamiento del mercado, y a esto a lo que responde el TTIP, que tiene como uno de sus ejes fundamentales  no tanto el “abrir” fronteras a los alimentos estadounidenses sino “abrir” los órganos reguladores agroalimentarios europeos. Se trata por tanto de eliminar las barreras reguladoras que limitan los beneficios potenciales de las corporaciones transnacionales a los dos lados del Atlántico.

Para mantener sus enormes beneficios necesitan urgentemente derribar las restricciones al uso de antibióticos en Europa y así poder comercializar y producir a mayor escala, eso sí, externalizando el coste de los perjuicios causados en la salud de la población. Y es ni más ni menos que asuntos como este lo que se está ahora mismo negociando entre Estados Unidos y la Unión Europea. Es imprescindible y urgente por tanto que los ciudadanos sepamos lo que nos estamos jugando en este acuerdo y reaccionemos. Si no somos capaces de hacer descarrilar este tratado en los próximos meses sufriremos consecuencias que ni siquiera podemos llegar a imaginar.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

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Las mentiras de la “Agricultura Climáticamente Inteligente”. Publicado por El País

A estas alturas, después de haber sufrido varias oleadas de las llamadas revoluciones verdes, sabemos que el actual sistema alimentario mundial no ha sido capaz de cumplir con el que debe ser su objetivo principal que no es otro que alimentar a las personas. Las cifras hablan por sí solas. Este año más de mil millones de personas sufrirán hambre. Pero no sólo eso, sino que este modelo de agricultura industrial —con sus grandes multinacionales, paquetes tecnológicos, créditos, semillas transgénicas, alimentos kilométricos— es uno de los causantes del actual proceso de cambio climático.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estima que la agricultura es responsable de cerca del 14% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), un volumen similar al originado por el sector del transporte. Pero, a este porcentaje además hay que sumarle las emisiones provenientes de la fabricación de fertilizantes, transporte, envasado y distribución de alimentos, llegaríamos a una cifra del 40%.

Esta crisis climática repercute directamente en la generación de más hambrientos y expandiendo los efectos de la crisis alimentaria que están viviendo numerosas poblaciones. Nadie pone en duda que la producción agrícola no puede menguar en las próximas décadas si se quiere resolver la demanda producida por el crecimiento demográfico. Hay, sin duda, un consenso internacional sobre la necesidad de abordar este asunto de manera urgente y está en las agendas de gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil… Pero, si bien está en sus agendas, podríamos decir que no de la misma manera y, además, con objetivos bien distintos. Unos ven esta situación como una necesidad urgente a resolver. Son los movimientos campesinos y organizaciones como la propia FAO, que tienen en común la reivindicación de un cambio en el modelo alimentario actual hacia otros más sostenibles, descentralizados y de base campesina. En definitiva, una apuesta por el modelo de producción agroecológica como única vía posible para luchar contra el hambre y el cambio climático.
Esa apuesta ha pasado de verse como “alternativa” a convertirse en la solución más clara, evidente y factible a estos enormes retos. Y en los últimos ha quedado ratificada de manera científica. Cómo ejemplo de esto, podemos ver el informe anual del Relator especial sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier de Shutter en el año 2011, donde se demostraba que la producción agroecológica dobla y triplica el rendimiento de las técnicas industriales.

Otro ejemplo sería el estudio sobre el actual modelo agrícola que nos lleva a un callejón sin salida, de Wilian Cline, Global Warming and Agriculture, donde habla de una reducción del potencial de producción agrícola en un 3% para el 2080, siendo para África del 16%. Sin embargo, otros ven en este aumento demográfico, crisis alimentaria y climática una oportunidad de negocio que no se puede dejar escapar. ¿Se imaginan el beneficio que se puede obtener de alimentar a 9.000 millones de personas que se estima que habitarán el planeta en 2050? En este nuevo Dorado se han zambullido desde hace años grandes multinacionales del agronegocio, promotoras de la agricultura industrial y fundamentalmente de las semillas transgénicas. Unas empresas que en la última década están desarrollando distintas estrategias en alianza con estados ricos y organizaciones internacionales, como el Banco Mundial y fundaciones privadas “filantrópicas” que, con la excusa de acabar con el hambre y luchar con el cambio climático, intentan (de nuevo) imponer el modelo fracasado de revolución verde, pero esta vez de una manera más sutil, utilizando los programas de cooperación internacional.

El fracaso de tal modelo agrícola ha quedado demostrado en numerosos estudios, pero si acaso quédense con este reciente de 2013: Sustainability and innovation in staple crop production in the US Midwest, dirigido por dirigido por Jack Heinemann de la Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda. En él, se describe cómo el sistema básico de cultivo del Medio Oeste de los Estados Unidos —donde predominan los cultivos modificados genéticamente—, se está quedando atrás con respecto a otras regiones de desarrollo económico y tecnológico similares. Europa Occidental, por ejemplo, supera a EE UU (y Canadá) en cuanto a rendimientos, diversidad genética y resiliencia de los cultivos, así como el bienestar de los agricultores. Pues bien, ciertas multinacionales, de la mano del Banco Mundial, han encontrado una nueva estrategia para que los países más empobrecidos adopten este tipo de agricultura. Y lo hacen a través de financiaciones millonarias. Tienen prisa. Están observando que la agroecología se va abriendo paso en foros sociales, económicos y científicos.

Recientemente, esta nueva estrategia ha dado un paso más con el lanzamiento de una campaña y financiación para lo que han venido en llamar “agricultura climáticamente inteligente”, que presentan como solución para resolver el cambio climático e incrementar el ingreso de los campesinos pobres. Pero es lo mismo de siempre: ahondar en los postulados de su modelo industrial. Para ello, el pasado septiembre se lanzó en Nueva York la Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente, que tiene como novedad que se compensará a este tipo de programas bajo ese título con créditos en los mercados de carbono. Unas prácticas que promueven la especulación con la compraventa de emisiones y el acaparamiento de tierras.

Con ese sugerente nombre se nos invita a creer que el pequeño campesino del Sur está creando una barricada contra el cambio climático, siendo sus suelos secuestradores de carbono. Más aún, estarían aumentando su capacidad de resiliencia, fortaleciendo su soberanía alimentaria y recibiendo cuantiosos ingresos. Nada más lejos de la realidad. Por un parte, sabemos que no hay prueba alguna de que los mercados de carbono hayan contribuido a disminuir las emisiones derivadas de los combustibles fósiles en todo el mundo. Lo único que han hecho es desplazar la responsabilidad de hacerlo a los países del Sur. Mientras que los ricos no solo han aumentado sus niveles de contaminación, sino que además hacen negocio de ello. Por otro lado, vemos que en aquellos lugares donde se han iniciado este tipo de proyectos —como el promocionado por el Banco Mundial en Kenya y con la participación de la Fundación Sygenta—, ha servido fundamentalmente para cambiar las variedades autóctonas de maíz por otras híbridas y, por tanto, asegurando el suministro de agroquímicos necesarios para este tipo de cultivos.

Frente a esta nueva amenaza es necesaria una reacción rápida de los movimientos sociales, organizaciones científicas, ONG de desarrollo y organismos internacionales, que puedan desenmascarar este tipo de prácticas. En este sentido, la propia FAO expresó recientemente en un congreso sobre Agroecología la legitimidad científica de esta. Así, el director de este organismo, Da Silva, citó una carta firmada por 70 académicos que se oponen abiertamente al modelo de agricultura climáticamente inteligente. Y promovían, sin embargo, la legitimidad científica y social de la agroecología.

Con todo, ahora que la Alianza está lanzada —y que en breve empezaremos a ver sus iniciativas y a las agencias de cooperación incluirlo en sus propuestas— es imprescindible un llamamiento a la movilización a las ONG, las organizaciones campesinas y la sociedad civil en general, para no dejarnos vencer con esta nueva amenaza. Que no nos engañen: la agricultura climáticamente inteligente está creada para servir a dos objetivos, a saber, engordar los mercados de carbono y aumentar las ganancias y el control de la agroindustria. Por el contrario, la agroecología tiene como objetivo asegurar la alimentación de sus poblaciones y generar sistemas sostenibles. No son dos modelos distintos ni complementarios como nos quieren hacer creer, sino antagónicos.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

 

De nuevo la amenaza de la OMC. Publicado por Rebelion.org

Nos encontramos en la recta final de la hoja de ruta para la preparación de la próxima conferencia de la OMC ( Organización Mundial del Comercio).

Empujados por la nueva ola neoliberal que recorre el mundo , los países del G20 están  empeñados en hacer revivir muertos que puedan servir a su estrategia, instituciones y organismos profundamente deslegitimados como  el FMI, el Banco Mundial y ahora le toca a la OMC.WTO

Como si fuera una película de serie B,  intentan  revivir  la OMC  de su particular cementerio, donde fue enterrada el año 2008, tras en enorme fracaso de la negociación. Para  el ritual  de resurrección se ha preparado minuciosamente  toda una escenografía , la Conferencia Ministerial que tendrá lugar en Bali (Indonesia) este próximo mes de diciembre.

Conferencia sobre la que  todos los analistas coinciden en que se trata de una conferencia decisiva, o la OMC logra un acuerdo o habrá perdido  la batalla definitivamente de extender globalmente sus políticas liberales.

Para ello, EEUU y la propia UE han estado estos años trabajando duro y de forma callada a  través de la estrategia de ir avanzando en los temas más fáciles de resolver  y  lograr una cosecha temprana (early harvest), mientras se va tejiendo la estrategia para el acuerdo en agricultura, sobre la que la propia OMC declara que está cerca.

Esta fue la causa del  fracaso de las últimas negociaciones de la OMC, la  imposibilidad de llegar a un acuerdo en materia de agricultura entre países ricos  y los países empobrecidos.  Los primeros  con EEUU y EU a la cabeza continúan en  una defensa radical de abrir los mercados,  ampliarlos y provocar una total liberalización comercial de la agricultura, los segundos por el contrario por una defensa de mecanismos de protección para no poner en riesgo la seguridad alimentaria de sus poblaciones.

Los países ricos llevan años acusando a  los pobres que los subsidios que otorgan a la pequeña agricultura y consumidores pobres no está permitiendo  la eficiencia de los mercados, sin embargo la realidad es bien distinta. En los primeros acuerdos de la OMC se decidió limitar los subsidios de los países ricos  en un 20%, en cambio inventaron los subsidios llamados medioambientales o caja verde donde no hay límite, y ¿que creen que pasó? Exactamente eso, que lejos de reducirse se han incrementado los últimos años, llegando el 2006 en USA a 130.000 millones de dólares y 90.000 en la UE, inundado los mercados de los países pobres de productos de importación baratos y destruyendo cientos de miles de explotaciones de agricultura familiar y campesina, convirtiendo  a países productores de alimentos en importadores.

Por el contrario, y aquí viene la trampa, los países pobres no pueden subsidiar sus productos de igual forma en el hipotético caso que tuvieran fondos para ello, ya que el acuerdo todos los países tienen que reducir sus subsidios distorsionantes. Así que si un país en desarrollo no ha dado subsidios antes , no se les permite dar ninguna , a excepción de una pequeña cantidad mínima…por tanto no puede pasar nada a la caja verde.

La presión de las grandes economías que parecían dormidas continúan vivas, a pesar de que en las crisis alimentarias de 2008 y 2011  quedó demostrado que no se trataba de un temor infundado la necesidad de protección de los países más pobres. Países que tuvieron que sufrir las  enormes escaladas de precios de alimentos básicos, determinados  por el efecto de los mercados cada vez mas desregulados desde 1995 donde se redujeron los aranceles y  por las prácticas especulativas, llegando a la cifra de 1000 millones de personas hambrientas.

Frente a este nuevo embate neoliberal, ya  se está  articulando una vez  más la resistencia  global de campesinos/as  y de otros  movimientos en defensa de la Soberanía Alimentaria, el derecho al agua y a la salud, el empleo, clima, las migraciones, la lucha feminista, las finanzas y muchos otros, como hicieron en otras ocasiones. Se prevé un calendario intenso de movilizaciones, porque los campesinos saben bien cual son los efectos devastadores que las políticas de libre comercio han tenido en sus vidas, unas políticas al servicio de grandes empresas que ponen en riesgo el derecho a la alimentación.

Será un momento crucial donde  nos jugamos mucho pero también será el momento de sacar la agricultura de una vez por todas de la OMC, y que sea  en Bali donde esta finalmente  descanse en paz.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

El salmón frankestein.

El día 24 de diciembre el País publicó la noticia  que el salmón transgénico que desde hace 23 años desarrolla una empresa estadounidense acaba de superar el penúltimo obstáculo antes de llegar a los platos. La Agencia de Alimentación de EE UU (FDA) ha concluido no afecta al medio ambiente.

pez

A tan solo  un paso para que pueda comercializarse este  salmón frankestein. Un experimento absurdo y peligroso que nos parecía imposible, y que además la empresa que lo promueve no quiere que ni siquiera se le etiquete como transgénico, ya que es un pescado como otro… dicen.

Estamos a un paso de que de nuevo la gran industria alimentaria y sus lobbies pasenuna vez más por encima de los derechos de los consumidores y del respeto al medioambiente.

La industria ya se ha encargado de lograr que actualmente casi todo el salmón que consumimos proceda de acuicultura, no de pesca. Piscifactorías donde  después de la fase de cría en lagos de agua dulce, se engordan en balsas-jaula sumergidas en el mar y son alimentados con pienso a base de harinas y aceites de pescado. Causando enormes efectos ecológicos como la contaminación  de lagos y mares por cantidades importantes de nitrógeno y fósforo: restos de pienso no consumido, deyecciones y restos animales, así como por sobrepesca (para lograr 1 kg de salmón son necesarios 5 kg de otras especies).

Nada de estas razones parecen haber servido cuando se trata de tan suculento negocio, hemos de recordar que 7 empresas dominan el 48% de la producción mundial.

Si  finalmente EEUU lo aprobara, entonces será la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria quien habrá de decidir si lo autoriza aquí  o no. La mala noticia es que la historia dice que la EFSA ha aprobado al dictado de las  transnacionales maíces, sojas o patatas transgénicas.¿ El lobby del salmón estará ya instalado en Bruselas? ¿Ustedes que piensan?.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

¿Quién alimentará África?

Hace unos días el Banco Mundial ha publicado en Informe África puede ayudar a alimentar África.

Se trata de un nuevo intento de promover la liberalización comercial de alimentos en África, debido a que según el Banco Mundial esta es una de las primeras causas de hambre en el continente pues los gobiernos al proteger sus fronteras muchos agricultores africanos limitan  la utilización de semillas de alto rendimiento, de fertilizantes y plaguicidas para intensificar su producción de cultivos.

Pero la realidad es que los últimos años hemos vivido ,sin que apenas haya sido percibido por el gran público, uno de los episodios más agresivos perpetrados por las grandes transnacionales de la agricultura y alimentación. Se trata del proceso de privatización a través de la ingeniería genética para crear y patentar  semillas. En resumen patentar la vida.

No se trata de un hecho filosófico o ético, se trata de la lucha de las grandes corporaciones por el control del primero de los eslabones de la cadena alimentaria, que hace cautivos a millones de agricultores por un lado y a  millones de consumidores por otro.

Empresas y gobiernos repiten en foros que para acabar con el hambre en el mundo en medio de un crecimiento continuo de la población nos obliga a acabar con la agricultura campesina y emprender una nueva revolución verde basada en agricultura de alta tecnología para que podamos mejorar los rendimientos por hectárea.. Y para financiar la enorme inversión a largo plazo sería necesario diseñar semillas de alto rendimiento y resistentes a la sequía, resistentes a las plagas variedades y claro  es necesario por tanto asegurar un sistema férreo de patentes.

Pero fue  la propia ONU en su informe anual del Relator especial sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier de Shutter  en el año 2011, quien ha desmentido esta afirmación demostrando que la agricultura campesina  dobla y  triplica el rendimiento de las técnicas industriales.

Pero estos datos no son tenidos en cuenta por el Banco Mundial en su informe, ya que su interés  no acabar con el hambre sino allanar  la lucha emprendida por las grandes transnacionales por  control de los alimentos, utilizando un discurso falso y simple que dice que los agricultores no tienen semillas suficientes y “buenas”.

África es el nuevo  Dorado para las transnacionales, pero se  encuentran con el obstáculo de que aproximadamente el 90 por ciento de las semillas usadas en África son variedades locales suministradas por los agricultores, que no se adecuan al agronegocio, puesto que la agricultura campesina depende de lo opuesto: la diversidad, y parece que este es el verdadero obstáculo que quiere derribar el Banco Mundial.¿Serán los campesinos y campesinas quienes sigan alimentando África?
 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

El futuro de la cooperación internacional es muy viejo. Rebelión.org. 4/10/2012

La Fundación Bill & Melinda Gates es uno de los principales donantes de Alianza para la Revolución Verde en África (AGRA) y una de las experiencias mas repetidas en las escuelas de negocio sobre la nueva cooperación internacional y las alianzas público-privadas.

Pero hace unos meses se produjo una verdadera alarma a nivel mundial entre las organizaciones campesinas y organizaciones de la sociedad civil al hacerse pública la estrechez de los lazos que unen a  la Fundación “Bill and Melinda Gates” y la Multinacional del Agro-negocio Monsanto.

Es de sobra conocido el interés en la agricultura de la Fundación Bill y Belinda Gates que, junto con la fundación Rockefeller, fundó la Alianza para la Revolución Verde en África (AGRA). Una alianza cuyo objetivo expresado es el de “Ayudar a millones de campesinos africanos y sus familias a escapar de la pobreza y del hambre, implementando soluciones prácticas para mejorar su productividad”. En efecto, parece que para el AGRA  mejorar la situación del campesinado africano consiste  en distribuir semillas híbridas, fertilizantes y pesticidas.

Desde sus inicios el AGRA ha generado un amplio movimiento de denuncia y oposición por parte de las propias organizaciones campesinas africanas y por las organizaciones de  la sociedad civil. Los químicos presentes en los fertilizantes y pesticidas provocan la pérdida de la diversidad agraria, la base para la vida de las comunidades campesinas y el equilibrio ambiental. Por otro lado es sabido que estos “paquetes desarrollistas”  implican el endeudamiento del campesinado para pagar las costosas semillas y fertilizantes, y les llevan a la pérdida de control sobre sus propias semillas viéndose forzados/as a cultivar  semillas híbridas y transgénicas, cuya patente es de alguna  empresa multinacional.

Pero lo que parecía una mala concepción de la filantropía de un millonario norteamericano ha resultado ser  además de un suculento negocio. Según ha revelado la organización “Community Alliance for Global Justice“ : la Fundación Bill and Belinda Gates es ya propietaria de 500.000 acciones de la principal multinacional de semillas transgénicas, la tristemente célebre Monsanto.  No hace falta decir más, el negocio con el hambre es redondo y cruel. La cooperación “privada”  es la excusa perfecta para la distribución entre las comunidades campesinas de semillas modificadas genéticamente. Comunidades que, al perder sus semillas propias y la posibilidad de reproducirlas, se verán obligadas año tras año a comprar nuevas semillas a Monsanto, sin olvidarse paquete de productos agro-tóxicos de la misma compañía sin los que estas semillas no germinarán. ¿Este ha de ser el futuro de la cooperación?

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Alimentar a 7 mil millones de personas Javier Guzmán (Director VSF Justicia Alimentaria Global) 07/11/2011


Ahora que ya somos 7 mil millones de personas sobre la tierra es buen momento para pensar y decidir  cómo vamos a alimentarnos, porque sabemos que el actual modelo alimentario ha fracasado, dejando casi al 15% de la población mundial fuera de la posibilidad de alimentarse.

Frente a este desafío global, existe una gran estrategia dirigida por grandes  transnacionales que hacen del mismo reto un negocio, a través del aumento de la productividad de las tierras, mayor uso  y venta de agrotóxicos, aumento de uso de  recursos como el agua, uso de semillas transgénicas, etc.., sin tener en cuenta la catástrofe que este modelo de agricultura está ya actualmente causando.

Consecuencias como 1000 millones de personas hambrientas cuanto, cada vez  más tierra dedicada al cultivo destinado a agrocombustibles, la brutal huella ecológica derivada de uso de químicos, deforestación, contaminación, especulación alimentaria.

Este modelo que se nos vende como la salvación ha sido y es el camino más rápido al desastre y así lo evidencia el artículo  publicado por el doctor Dr. Jonathan Foley de la Universidad de Minnesota en la revista científica Nature, que examina el estado de la  agricultura mundial.

El informe propone que solo hay un camino posible para alimentar el mundo sin destruir las capacidades del medioambiente, y coincide con los principios de la Soberanía Alimentaria  defendidos desde hace años por cientos de organizaciones campesinas.

Propuestas como considerar el agua como un recurso preciado, reducir al mínimo la huella ambiental de la agricultura, apostar por tanto  la agricultura de pequeña escala, detener la expansión agrícola en zonas sensibles como las selvas tropicales, dejar de desperdiciar tanta comida, comer menos carne y sacar los alimentos de nuestros tanques de gasolina, es decir el agrocombustible.

Toca decidir en manos de quien dejamos la agricultura, en las nuestras o en un puñado de transnacionales.