Archivo de la categoría: especulación alimentaria

Los ‘paraísos’ del hambre. Publicado por Nueva Tribuna y Público

Los paraísos fiscales son parte del entramado del hambre mundial. ¿Saben por qué? Según palabras literales del informe del relator de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación sobre especulación alimentaria: “En el incremento del precio de los alimentos, que ha sumido en el hambre a más de 1000 millones de personas, juega un papel importante la entrada en el mercado de derivados financieros basados en productos alimentarios”.

Imagen: Hambrunasenelmundo

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Para que estos movimientos especulativos en alimentos tengan lugar es condición hacerlo en lugares opacos, en mercados paralelos, en el salvaje oeste. Allí donde no hay normas, no hay transparencia ni queda registro alguno de nada.Son los conocidos paraísos fiscales. Estos paraísos fiscales no es únicamente el lugar dónde algunas personas esconden su fortuna al fisco, en realidad son plataformas para la especulación financiera y alimentaria, aunque es realmente difícil la cuantificación laTax Justice Network dice que en datos 2010 unos 32 billones de dólares (con 12 ceros) de los activos financieros mundiales está invertida en el agujero negro de los 80 paraísos fiscales. Los datos  son abrumadores, aproximadamente el 80% de la totalidad de la inversión financiera en el ámbito agrícola cumple características de especulación financiera y estos se realizan fundamentalmente en estos espacios.

¿Y este juego de casino cómo afecta a la alimentación? Pues al menos 40 millones de personas de todo el mundo fueron empujadas al hambre a causa de la crisis de los precios de los alimentos de 2008. La misma cifra (44 millones de aumento de la pobreza) se estima que fue debida al incremento de la especulación alimentaria entre 2010 y 2011.

Desde la crisis del 2008 varias organizaciones, entre ellas VSF Justicia Alimentaria Global hemos estado denunciando esta realidad y exigiendo la retirada total y absoluta de la especulación sobre un derecho humano como es el de la alimentación. Y eso es lo que  hemos exigido varias veces  al gobierno del Estado español. Reclamamos que cumpla con las obligaciones jurídicas que el Estado tiene adquiridas con respecto a este derecho humano básico y acabe de una vez la especulación financiera de la alimentación.

La Unión Europea no ha hecho apenas nada para mejorar la regulación de los mercados financieros ni para acabar con la especulación alimentaria y aunque se establezcan regulaciones y restricciones a estos movimientos especulativos en los mercados bursátiles, no tendrá apenas importancia, porque como decíamos más arriba el gran volumen de capital tiene lugar en paraísos fiscales, es decir ni siquiera hay voluntad de limitar los mercados regulados, pero aunque se hiciera no serviría de casi nada, ya que como hemos visto el juego está en otra parte. Es inmoral y criminal no eliminar los paraísos fiscales, y  quién debe empezar a hacerlo es la Unión Europea y sus estados que, a su vez, son de los más importantes propietarios o clientes de estos paraísos.

Javier Guzmán 

Director VSF Justicia Alimentaria Global

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¿África libre de transgénicos?. Publicado por El País

 La industria del agronegocio está clavando sus pupilas en el continente para implementar la tecnología transgénica con la excusa de querer acabar con el hambre

La conciencia mundial acerca de los cultivos transgénicos está cambiando rápidamente en la sociedad civil y en la respuesta de los propios gobiernos. El último movimiento tectónico ha tenido lugar este agosto en China, cuando el Comité de Bioseguridad del Ministerio de Agricultura no renovó los permisos que el año 2009 otorgó para cultivos de arroz y maíz y evidencian, una vez más, el fracaso de esta estrategia de las grandes multinacionales de la biotecnología.

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Así que las grandes multinacionales de la biotecnología cada día tienen que esforzarse más para sacar la cabeza y seguir expandiendo sus cultivos. En Europa, por ejemplo, ya hace años que los transgénicos tienen la batalla perdida, a excepción del Estado español, que se ha quedado prácticamente solo con su política a favor de los mismos, desoyendo a países del entorno como Francia, donde el propio ministerio competente afirmó que “el cultivo de semillas de maíz MON 810 presenta graves riesgos para el medio ambiente, así como peligro de propagación de organismos dañinos convertidos en resistentes”.

A la conquista de África

Actualmente la producción se concentra en Estados Unidos (40%), Brasil (23%) y Argentina (14%), pero no es suficiente. Las grandes multinacionales de los transgénicos necesitan nuevo campo donde seguir expandiéndose y han clavado sus pupilas en el continente africano para su conquista de nuevos mercados.

Actualmente, en África solo se cultivan transgénicos en Sudáfrica, Burkina Faso y Sudán, después de la prohibición reciente de Kenia, que ha supuesto un enorme revés en la estrategia de las multinacionales. Por tanto, a la biotecnología aún le quedan muchos países en los que expandirse en el continente. Y precisamente en ello están. Esta vez, la estrategia de penetración utilizada es mucho más sofisticada: justifican la expansión transgénica como solución para acabar con el hambre, y utilizan programas filantrópicos de cooperación internacional como vehículos para implantar estos cultivos.

Una de las grandes amenazas que acecha al continente africano es precisamente la expansión de las semillas privadas, en detrimento de las locales, que son diversas, gratuitas, productivas y en manos de los campesinos y campesinas. Los recursos biológicos constituyen la base del sustento y de las economías locales en todo el mundo, pero en África especialmente. La gran mayoría de los 700 millones de habitantes dependen directamente de la biodiversidad para la obtención de alimentos. Por tanto —contrariamente a la hipótesis de la industria— para acabar con el hambre, la introducción de semillas privadas en los países africanos no hará más que empeorar las situaciones de hambrunas, pues los pueblos se vuelven dependientes bajo la privatización de las semillas. Además, la alteración genética producida daña la biodiversidad y altera los ciclos naturales del campo.

Una de las grandes amenazas que acecha a África es precisamente la expansión de las semillas privadas

Los defensores de esta nueva revolución verde insisten en la necesidad de ir hacia un modelo de agricultura más intensificada e industrializada y con más utilización de recursos no renovables como fertilizantes y combustibles fósiles. Y los transgénicos como clave de bóveda. Esta estrategia se basa en el dogma neoliberal de que el hambre es un problema técnico y no político, contradiciendo a la propia FAO que en varios informes asegura que actualmente se produce en el planeta alimento necesario para satisfacer las necesidades de 12.000 millones de personas. Por su parte, el Relator especial sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, Olivier de Shutter, demostraba en su informe anual de 2011 que la agricultura campesina dobla —y hasta triplica— el rendimiento de las técnicas industriales, zanjando por tanto el debate técnico.

De hecho, las cifras hablan por sí solas. Teniendo en cuenta que el 15% de la población mundial sigue sin tener el derecho a la alimentación garantizado, realmente estamos hablando de un problema esencialmente político, que hunde sus raíces en las políticas neoliberales aplicadas desde el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, y que han arruinado las propias agriculturas campesinas y la soberanía alimentaria de muchos pueblos.

Los tentáculos transgénicos del poder

En estos años la gran industria del agronegocio es consciente de que se juega el enorme pastel de la agricultura africana y por ello está invirtiendo ingentes cantidades de dinero con el objetivo de financiar estudios, universidades, ONG y programas que hagan proselitismo de la tecnología transgénica como es el caso de sobra conocido de la Fundación Bill y Belinda Gates que, junto con la Fundación Rockefeller, fundaron la Alianza para la Revolución Verde en África (AGRA).

Una alianza cuyo objetivo expresado es el de “ayudar a millones de campesinos africanos y sus familias a escapar de la pobreza y del hambre, implementando soluciones prácticas para mejorar su productividad”. En efecto, según el AGRA, mejorar la situación del campesinado africano consiste en distribuir semillas transgénicas, fertilizantes y pesticidas. Nada más alejado de la realidad.

Desde sus inicios, AGRA ha generado un amplio movimiento de denuncia y oposición por parte de las propias organizaciones campesinas africanas y de la sociedad civil, más cuando la organización Community Alliance for Global Justice reveló que la Fundación Bill and Belinda Gates es ya propietaria de 500.000 acciones de la principal multinacional de semillas transgénicas, la tristemente célebre Monsanto.

Pero debido a la enorme presión internacional y rechazo de la sociedad civil estas industrias han ido más allá, y para ello necesitan la ayuda de los gobiernos, como es el caso de los Estados Unidos y Reino Unido. Así es como, de la mano de 48 empresas transnacionales (tales como Mosanto, Cargill, Sygenta) nace, en el año 2012, la Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y Nutrición. La alianza tiene como objetivo movilizar capital privado dirigido a la inversión en la agricultura africana y para ello en el momento histórico donde menos recursos existen para la cooperación internacional, ha recibido compromisos de inversionistas privados por un total de más de 10.000 millones de dólares, según anunciaron funcionarios estadounidenses y africanos en la Cumbre de Líderes de EE UU este pasado mes de agosto. La alianza ofrece financiación para la inversión en agricultura, pero no a cualquier precio. Para poder firmar un acuerdo de este tipo, el gobierno del país africano ha de comprometerse a realizar enormes cambios, por ejemplo, en sus políticas de tierras, semillas y en su modelo de agricultura, para, según palabras de los promotores de la alianza, “adecuarse” al desarrollo de las inversiones. Estas transformaciones ya son conocidas como las leyes Monsanto

Parece que una vez más en el continente africano los lobos llevan piel de cordero. Se trata, sin más, de nueva forma de colonización y expolio de los recursos del continente africano. Se trata, al fin, de la destrucción de su soberanía alimentaria. Estas multinacionales saben perfectamente que quien gane la batalla del control de las semillas controlará la alimentación a nivel global. Ahora es necesario que a nosotros no se nos olvide.

Javier Guzmán es director de VSF Justicia Alimentaria Global.

Ucrania, ni europea ni rusa… china. Publicado por El País.

China acaba de sorprender al mundo al comprar un 5 % de Ucrania para usos agrícolas, superficie equivalente a Galicia, y que supone el 9 % de toda su tierra agraria útil

Hace un mes ha tenido lugar un acontecimiento que puede cambiar a corto plazo el sistema agroalimentario mundial. Se trata de la aprobación por parte del Consejo de Estado de China de las nuevas metas de producción de grano que por primera vez quedan por debajo de las tasas de consumo interno, abandonando efectivamente su larga historia de política de autosuficiencia en cereales.

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Nuevas directrices que quieren dejar la producción de cereales en torno a unos 550 millones de toneladas en 2020, por debajo de la cosecha de 2013 de 602 millones de toneladas. Detrás de esto, el gobierno chino alega que está la decisión de apostar por producir internamente más carne, verduras y frutas, que implican menos necesidad de tierra y generan más empleo. Además, la importación de carne es más cara que el cereal.
Una nueva política que anticipa que el país pronto estará produciendo menos grano del que consume, poniendo fin a un compromiso de larga data para ser autosuficiente en sus alimentos básicos, política que había sido central los últimos 40 años en un país donde aún se recuerdan a los 30 millones de muertos que dejó la última hambruna en los años 50.
Dos son las preguntas que rápidamente deben ser aclaradas. ¿China va a perder su seguridad alimentaria y ponerla en manos de la oscilación de los mercados internacionales? ¿Cuál será el impacto en el mundo de este abandono de la política de autosuficiencia china?
La política de seguridad alimentaria ha sido estratégica en China desde hace décadas, debido obviamente a la enorme población del país. Esto no parece que cambiará, pero sí el modo en que hasta ahora había sido resuelta a través de políticas de inversión y capacidad productiva interna, llegando en estos momentos a contar con el 40% de los agricultores del mundo. La situación en los últimos años ha cambiado debido al enorme avance del proceso de industrialización de China, que ha provocado la necesidad de mayor mano de obra en centros urbanos, así como una mayor presión sobre las materias primas y los propios acuíferos. Por tanto, se podría pensar que la necesidad de importación ya venía siendo una realidad los últimos años y que estas nuevas directrices tan solo certificarían lo que es ya una realidad.
Esto podría ser verdad si no fuera porque bastante antes de la crisis alimentaria del 2008 las autoridades chinas habían comenzado la ampliación de la cadena agroalimentaria, un nuevo modelo que se expandía fuera de sus fronteras, se trataba de la deslocalización agrícola.
El impacto, según podemos calcular, será enorme y determinante. Por un lado, debido al efecto distorsionador y global que generan siempre los números provenientes de China; pero además por el cambio que está suponiendo y supondrá en la estructura del modelo alimentario global que camina aceleradamente a nuevo colonialismo alimentario.
Estas nuevas directrices no están por tanto dirigidas a certificar la mayor necesidad alimentaria de China y desarrollar estrategias para ordenar su mayor exposición a los mercados internacionales y a las consiguientes oscilaciones precios, sino que forma parte de una estrategia mayor y más a largo plazo. Se trata aprovechar su enorme capacidad económica y financiera actual para implantar su política de deslocalización agrícola a través de acuerdos comerciales con terceros países (fundamentalmente en África) para comprar, alquilar o explotar tierras para el cultivo de alimentos a un precio menor, utilizando para ello su enrome poder como acreedor, ya que China es uno de los grandes tenedores de deuda soberana de estos países.
Para ello, el Ministerio de Agricultura chino lanzó en 2008 una política contundente dirigida a la deslocalización de la producción agraria, llegando a decenas de acuerdos con países africanos para este fin y convirtiéndose en uno de los grandes acaparadores en una carrera sin fin.
Recientemente ha dado un nuevo salto cualitativo. Así, hace apenas unas semans ha sorprendido al mundo al comprar un 5 % del suelo de Ucrania para usos agrícolas –superficie equivalente a Galicia–, lo que supone el 9 % de toda la tierra agraria útil del país.
Es lo que se ha dado en llamar los últimos tiempos como el fenómeno del acaparamiento de tierras, considerado por la FAO una de los principales causantes de hambre en el mundo en la actualidad.
Frente a esta situación, la comunidad internacional, presionada por organizaciones campesinas y de la sociedad civil, reaccionó a través de la aprobación de unas directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques, en el marco de la FAO el año 2012.
Estas directivas apenas han tenido efectividad debido a su carácter voluntario y del escaso o nulo compromiso de los países ricos. Si la comunidad internacional no se toma en serio este inminente cambio en el sistema y gobernanza alimentaria a nivel global y no hace urgentemente obligatorias estas directivas, veremos como este modelo avanza con enormes impactos en el derecho a la alimentación de millones de personas. También en Europa.
Javier Guzmán es director de VSF Justicia Alimentaria Global

Las multinacionales no tienen desperdicio. Publicado en La Marea y Rebelion.org

Grandes corporaciones convierten el despilfarro de  alimentos en el nuevo “trending topic” del marketing social corporativo.

 Los datos actuales de desperdicio alimentarios son un escándalo ético y moral. Los últimos estudios realizados en la UE  estiman que  se pierden o desperdician en Europa, entre un 30% y un 50% de los alimentos sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor.unilever

La generación anual de pérdidas y desperdicios alimentarios en los 27 Estados miembros es de unos 89 millones de toneladas, o sea, 179 kilos por habitante, y ello sin contar los de origen agrícola generados en el proceso de producción ni los descartes de pescado arrojados al mar.

La propia FAO señala  en su informe sobre desperdicio alimentario,  que  en el año 2007 la tierra cultivada para generar desperdicio era de 1,4 billones de hectáreas, es decir  un 28% de las tierras cultivables  a nivel mundial, en un momento histórico donde cada vez hay más presión sobre este recurso por fines no alimentarios como son los agrocombustibles o la simple especulación financiera.

En el estado español no somos una excepción,  tiramos  anualmente 2,9 millones de toneladas de alimentos, y como contraste, según Cáritas, en España 9 millones de personas viven en situación de pobreza (menos de 6.000€al año).

Está situación de alguna manera ha hecho sonar las alarmas en el Parlamento de la UE  que en año 2012 aprobó una resolución instando a los estados a iniciar estrategias de reducción del 50% del desperdicio para el año 2050, y a esto corresponde el aluvión de campañas  para la reducción del despilfarro alimentario,  entre ellas la lanzada por el Ministerio de Agricultura, y sorprendentemente las puestas en marcha por las  grandes corporaciones agroalimentarias y de distribución que están invirtiendo una gran cantidad de recursos.

Campañas que a priori a todo el mundo nos parecerían justas, necesarias y veríamos con buenos ojos a las empresas que las impulsan, y este objetivo parece que lo han logrado.

Pero si leemos la  letra pequeña, veremos que se tratan de campañas que comparten objetivos y elementos comunes,  principalmente esconder  deliberadamente la responsabilidad de la actual industria agroalimentaria  en la generación de cantidades nunca conocidas de despilfarro alimentario.Intentado hacernos creer  que el actual desperdicio alimentario  no es una consecuencia  del modelo agroalimentario  impuesto por grandes corporaciones los últimos años.

La principal  línea argumental de todas ellas  se trata de  dejarnos bien  claro que el principal culpable del despilfarro obsceno  a nivel global es el consumidor. Un consumidor  que compra de más, que no sabe aprovechar productos,  que no lee las fechas de caducidad, y que es despilfarrador por naturaleza. Un consumidor irresponsable al que hay que educar y hacer cargar con todas las culpas de la cadena alimentaria, tratándonos como una mezcla de devoradores compulsivos y estúpidos de solemnidad.

Así nos encontramos en el folleto del propio Ministerio de Agricultura que en su primer consejo nos dice: “Elige los productos según las necesidades de tu hogar. Antes de planificar la compra, comprueba el estado de los alimentos que tienes en casa, sobre todo los productos frescos o con fecha de caducidad. Planifica los menús diarios o semanales teniendo en cuenta el número de personas  que van a comer.”

Pero, ¿realmente somos los consumidores los grandes culpables de este desastre? ¿Las grandes empresas y gobiernos no tienen nada que ver?

Seguramente los consumidores tenemos mucho que ver, pero si cambiamos el foco de dirección y apuntamos a la industria y sus estrategias empezaremos a ver los contornos de una  responsabilidad inmensamente mayor.

Responsabilidad en términos de cantidad,   la Eurocámara  insiste en que “los agentes de la cadena alimentaria” son los primeros implicados: la industria aporta un 39% de los residuos, mientras restaurantes, caterings  y supermercados son responsables de un 14% y un 5% del total, mucha de la cual las propias empresas , gobiernos y lobbies alimentarios han denominado como “inevitable”.

Responsabilidad en el tipo de consumo final pues la mayor parte del despilfarro en casa es debido a  la forma de empaquetar los alimentos,  descuentos, 2X1,  y otras estrategias de grandes cadenas de supermercados que los últimos años han sustituido el comercio de proximidad y determinan nuestro consumo. Si no lo creen, solo tienen que ver que  en nuestro país el 80% aproximadamente de las compras de alimentos hoy día  se realizan a través de los supermercados, hipermercados y tiendas de descuentos y , pasando  de  95.000 tiendas en 1998 a  25.000 en el 2004. Por tanto cada se cierra más el embudo del consumo bajo una falsa apariencia de diversidad

La segunda línea argumental, es que las empresas deben y se comprometen a mejorar  la eficiencia de todo el proceso , mejorar cadenas de frío etc…, pero donde ya advierten  que hay poco margen, ya que actualmente  hacen todo lo posible. En cambio sí pueden sumar un eslabón más a la cadena…y lo han hecho.

Así  otro de los elementos comunes de estas campañas es integrar a los bancos de alimentos en la cadena agroalimentaria. De esta forma matan dos pájaros de un tiro, mejorar la imagen de la empresa y ahorrar costes  en el tratamiento de residuos.

Una estrategia que se sirve de “cronificar” un tipo de intervención asistencial y de emergencia temporal  como son los bancos de alimentos para convertirlo en un elemento más  y “normalizado de la cadena”, olvidando por tanto que este tipo de  intervenciones genera estigmatización social y  en muchas ocasiones la oferta alimentaria no es adecuada, con ausencia de alimentos frescos, con alimentos procesados, pobre en micronutrientes y desproporcionada en energía, grasas saturadas e hidratos de carbono refinados, favoreciendo enfermedades cardiovasculares, diabetes etc….

Sin embargo  estás campañas pasan de puntillas por un elemento central para la propia UE o la FAO, para la reducción de despilfarro alimentario como es la apuesta por la agricultura local y los circuitos venta de proximidad.

La apuesta por este otro modelo de producción y consumo evita el desperdicio en todas las fases de la cadena, en la fase de  producción principalmente porque no está sujeta a los cánones de la agroindustria y donde la diversidad es un valor frente a la “homogenización” impuesta en distribuidoras y mayoristas.

En la fase de distribución porque no necesita enormes cadenas de frío y de transporte para llegar al consumidor.

Por último, porque la venta directa mejora la adecuación de la oferta y la demanda, al consumir exactamente lo que se necesita.

Además la propia UE reconoce que este tipo de modelo tiene otros grandes beneficios, como son la generación de precios dignos para las personas productoras y,  generación de empleo de forma directa e indirecta, dinamización de los territorios y revalorización del mundo rural, incremento en general en la calidad nutritiva de los alimentos, etc..

Por esto,  en otros países de Europa, llevan años apostando por este modelo, entre ellos Francia, donde ha desarrollado diversas estrategias para la promoción de la producción y transformación local,  iniciativas legislativas como es la adaptación de la legislación higiénico-sanitaria a las características de la pequeña producción e iniciativas directas como es que la compra pública de alimentos de escuelas, hospitales, universidades, etc.. provenga de la agricultura y ganadería local, y convirtiendo el desarrollo de la agricultura de proximidad en uno de los pilares centrales de su estrategia contra el despilfarro.

En nuestro país nada de estás políticas tienen lugar, siendo muy esclarecedor  si comparamos el dato de venta directa realizada por agricultores, llegando en Francia a un 20% y en España apenas un 3%.

Como dicen estas  campañas,  en cuestión  de  despilfarro alimentario todos somos responsables y todos tenemos algo que hacer, pero también tenemos que decir claramente que no todos somos igual de responsables, y que justamente estás campañas lejos de exigir responsabilidades a los grandes culpables de esta situación, los eximen y ocultan, cuando no, simplemente los ayudan  a convertir el despilfarro de alimentos en el último” trending topic” marketing social corporativo.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Comparecencia en el Paralment de Catalunya. Cara a cara con el Banco Sabadell x Especulación alimentaria

 

HAMBRE S.A Publicado en La Marea 15/09/2013

Las transnacionales toman el control de la alimentación en África

Cadena Ser. Punto de Fuga Minuto 36:

http://www.cadenaser.com/espana/audios/punto-fuga-programa-completo-23-09-13/csrcsrpor/20130923csrcsrnac_18/Aes/?regenerate=true&preview=1&time=1379928904

A raíz de las exorbitantes subidas en los precios de los alimentos que provocaron la crisis alimentaria del 2008 y ocasionaron graves disturbios en varios países, se encendieron las alarmas al ponerse de manifiesto, por un lado, la inexistencia de estructuras internacionales de gobernanza alimentaria que dieran respuesta a la escandalosa cifra de más de 1.000 millones de personas hambrientas en el mundo, y por otro, la inoperancia y anquilosamiento de la propia FAO y su Comité de Seguridad Alimentaria (CSA).

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En este contexto, urgía la necesidad de reformar este espacio de gobernanza clave que reforzara su legitimidad y operatividad, y no fue hasta octubre de 2009 cuando, después de un difícil proceso, se aprobaba entre aplausos la reforma del CSA de la FAO. Una reforma donde, por primera vez, participaron los diferentes estados miembros, pero también la Sociedad Civil entre las que se encontraban las organizaciones campesinas.

La reforma le otorgó al CSA una gran centralidad  y autoridad dentro de la arquitectura de seguridad alimentaria mundial y además abría puertas a una participación sin precedentes de actores clave como son los propias campesinos/as, pescadores, población indígena consumidores y ONG, aumentando así, su calidad democrática y por tanto su legitimidad. Cabe señalar que, desde entonces el CSA ha lanzado importantes iniciativas políticas, como la aprobación de las Directrices Voluntarias sobre Tenencia de Tierras, con el objetivo de frenar el fenómeno del acaparamiento de tierras por parte de transnacionales.

El G8 irrumpe en la agenda alimentaria.
Las crisis alimentarias recurrentes sirvieron también de pretexto para que el G8 irrumpiera en la agenda alimentaria, siendo desde entonces  una constante el hecho de incluir en sus reuniones asuntos sobre seguridad alimentaria. Debido a la urgencia y necesidad  de operatividad que demandaba  la situación de 2008 el G8 se emplazó a realizar urgentemente un Compromiso contra el hambre que se materializó  en la Iniciativa de L’Aquila (2009), creada para financiar de manera rápida programas diseñados y liderados por los propios países receptores.

No hay que olvidar que la crisis alimentaria de 2008, al igual que las que la han seguido, fue provocada por la expansión de un modelo de agricultura globalizada en manos de grandes transnacionales, y por fenómenos como la especulación sobre el precio de los alimentos llevada a cabo por bancos y fondos de inversión.

Las grandes transnacionales de  la alimentación no quedaron conformes  con el devenir de los acontecimientos, ni con la que en su opinión era una reforma muy radical de la FAO, como con la tibieza y  falta de visión de negocio  de representaba L’Aquila,  por ello en 2012 ni si quiera  se habían desembolsado ni la mitad de los fondos acordados.

De este descontento, y  de la mano de 48 empresas transnacionales, nace en Camp David, en el año 2012, La Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y  Nutrición, cuya última  reunión y ampliación tuvo lugar el pasado junio en Londres. La alianza  tiene como objetivo  movilizar capital privado dirigido a  la inversión en la agricultura africana. Las empresas se comprometieron a 3.500 millones de dólares.

Implementando un nuevo régimen alimentario.
La “iniciativa  de inversión agrícola responsable se expande y fortalece de una manera silenciosa y preocupante por el continente africano, no se trata de un programa más de cooperación sino de una estrategia de largo recorrido para la implementación de un nuevo régimen alimentario a nivel global. En esta alianza participan estados ricos, estados africanos, y como no, grandes empresas que invierten para desarrollar su modelo de agricultura industrial, la llamada revolución verde africana. Compañías fundamentalmente Europeas y estadounidenses, como Mosanto, Cargill, Yara Internacional,  Sygenta, cuyo negocio son las semillas transgénicas, fertilizante, agrotóxicos, etc.

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La alianza ofrece financiación para la inversión en agricultura, pero no a cualquier precio. Para poder firmar un acuerdo de este tipo, el gobierno del país africano tiene que vender su alma al diablo,  ha de comprometerse a  realizar enormes cambios por ejemplo en  sus políticas de tierra, de semillas y en su modelo de agricultura, para, según palabras de los promotores de la alianza “adecuarse” al desarrollo de las inversiones.

Un ejemplo típico es el de Mozambique cuyo gobierno ha acordado suspender la distribución de semillas locales no comerciales en sus programas. Los beneficiarios de los programas únicamente recibirán semillas de las empresas inversoras incluyendo semillas modificadas genéticamente.

Después de la última cumbre que en junio mantuvo el G8  en Londres,  países como Nigeria, Malawi  y Benin se unieron a la llamada ” Nueva Alianza por la Seguridad Alimentaria”, de la que ya formaban parte Burkina Faso, Costa de Marfil, Ghana, Mozambique  y Tanzania. A finales de junio el Primer Ministro de  Senegal  anunció su voluntad de adherirse  a l alianza coincidiendo con la visita que el Presidente Obama que realizó al país y en cuya agenda estaba este acuerdo de adhesión.

Se trata de una estrategia  que hace saltar por los aires las propias recomendaciones de la ONU (FAO), enfrentando directamente la directiva de tenencia de tierras, o la apuesta por el desarrollo de una agricultura familiar, sostenible que es clave para asegurar la alimentación de la población mundial en el presente y en futuro,  lejos por tanto de este modelo de agricultura corporativa extractivista.

Esta inversión  impone un modelo de agricultura a gran escala, que promociona la concentración y acaparamiento de tierras, un modelo que desliga la alimentación de la población local y orientado a la exportación dedicado  al engorde del negocio de las empresas de insumos y de productos químicos.

Se trata de una estrategia silenciosa que en poco tiempo ha conseguido  desplazar  al poder público de los asuntos relacionados con la alimentación, tanto a la hora de adquirir compromisos internacionales como a la hora  de implementar políticas agrarias, entregándoselo al poder corporativo, y reduciendo el papel de los estados a meros convidados de piedra.

Ha logrado además que la comunidad internacional acepte este nuevo rol del G8,   aún sabiendo que es un espacio informal, no democrático y de limitada composición. Desplazando a los países de renta baja, generando confusión  y   produciendo rápidamente el  debilitamiento de las organizaciones democráticas internacionales,  desplazando en centro de toma de decisiones  y condenándolas a la irrelevancia.

Nos encontramos por tanto delante de la construcción de un sistema alimentario basado en el poder corporativo, donde el papel de los estados y las instituciones democráticas quedan vacíos de contenidos y de presupuestos.

El G8 no está interesado en tomar el control de organismos internacionales, el objetivo es otro, el de de crear un sistema de gobernanza a medida de las grandes transnacionales.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

La UE cede ante la presión de los lobbies. Diari ARA

El consejo de la UE,  integrado por los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembro, ha cedido una vez más a la presión de los lobbies dando vía libre para que los distintos Estados establezcan  sus propios límites  a la regulación sobre  posiciones especulativas en alimentos básicos. Esta posición se opone frontalmente a la recomendación realizada  por el Parlamento Europeo, el pasado mes de octubre, que abogaba por  el establecimiento de normas europeas sobre los límites de posición para crear un espacio controlado a nivel europeo.

La decisión del Consejo abre la puerta a la competición entre los diferentes estados que tenderán a una mayor desregulación y a un incremento de las posiciones especulativas que tendrá un impacto inmediato en el incremento de los precios de los alimentos.

En definitiva, la UE renuncia  a contar con  unos límites claros y comunes de cara a la decisión final sobre la nueva regulación de la Directiva Europea  MIDFID (Mercados e instrumentos financieros) que tendrá lugar en marzo del año que viene, un hecho cuanto menos llamativo teniendo en cuenta que incluso EE.UU. que  ha aprobado los límites de posición para una seria de productos alimentarios.

La directiva MIDFID  ha generado expectativas en todos los movimientos sociales  y organizaciones preocupados por la especulación alimentaria, ya que podría suponer un punto de inflexión para parar la escalada sin freno  de los precios de los alimentos a nivel mundial,  restringiendo  las actividades de las empresas de gestión de fondos que siguen a participando en el negocio del precio de los alimentos. Cabe recordar que este negocio que genera hambre y pobreza en las poblaciones más vulnerables (la subida de los precios de las materias primas que generaron las crisis alimentarias de 2008 y 2011 fueron, en su gran medida, provocadas por los mercados financieros).

El Gobierno español, por su parte,  no sabe no contesta. Desde hace más de un año tiene este asunto sobre su mesa  en forma de propuesta no de ley aprobada por el Parlamento Español que exigía urgentemente  la  regulación financiera para evitar las prácticas de la especulación alimentaria, no hay que olvidar que hay Bancos españoles implicados en este tipo de negocio.

.Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global