Archivo de la categoría: cambio climático

¿Qué tiene que ver el Brent con el precio del pan? Publicado por Nueva Tribuna y Público

Durante los últimos cuatro años, el precio internacional de los cereales está de  bajada, volviendo a ser noticia  estos días  otra importante caída  en la cotización de los mismos.

Los cereales, tenemos que recordar, siguen siendo con gran diferencia la fuente de alimentos más importante del mundo, tanto para el consumo humano directo como, de una manera indirecta, para la utilización de piensos para animales. Por tanto, todo lo que sucede en este sector de los cereales es crítico para el suministro de alimentos en todo el mundo.

precio-pan

La primera pregunta que deberíamos hacernos es por qué está bajando el precio. ¿Hay menos demanda?, ¿consumimos menos cereales?, ¿ha habido una subida de la productividad, de la superficie cultivada?, ¿es bueno que baje el precio de los cereales?, ¿para quién puede ser bueno?.

Pues bien,  parece que uno de los factores  que está dirigiendo fundamentalmente esta bajada de precios es la caída global del precio del petróleo. Y ustedes dirán, ¿pero qué tiene que ver? Pues en un sistema alimentario racional y eficiente, en principio muy poco, pero en nuestro sistema globalizado y mercantilizado de la alimentación podemos observar  que uno de los principales consumidores de cereal son nuestros coches, en forma de biodiesel, por tanto si hay una reducción en la demanda global de petróleo automáticamente baja el precio del cereal. Esto es así  porque se calcula que para que estos combustibles sean rentables es necesario un precio del barril de petróleo de entre 60 y 90 euros y actualmente estamos alrededor de los 40.

Vemos entonces claramente la distorsión que este negocio de las petroleras  tiene en el precio de los alimentos básicos. Una distorsión que se genera porque este nuevo consumo compite directamente con la alimentación  y ha sido uno las causantes los últimos años junto con la especulación alimentaria de la banca de dramáticas subidas de precio de los alimentos. Esas subidas del precio del grano básico que en el año 2008 y 2011 durante las dos últimas crisis alimentarias se saldó con millones de personas que pasaron a formar parte de las estadísticas del hambre.

Pero no nos podemos engañar, la bajada de precios del grano que, en principio es buena para millones de personas en el mundo, puesto que condiciona el poder acceder a la alimentación es coyuntural, y durará lo que dure la actual crisis de precios del petróleo.  La realidad  es que la demanda de biodiesel se prevé que siga en aumento. La previsión de la FAO es que el biodiesel crezca un 54% hasta 2023 y alcance los 40.000 millones de litros frente a los ya  28.000 millones del 2014. En este punto cabe recordar que Europa es el mayor consumidor de este tipo de combustible, por tanto uno de los mayores responsables y además ha estado incentivando la producción de este producto hasta acumular el 28,9% de toda la producción mundial.

En los  momentos alcistas de precios ganan las grandes multinacionales del cereal. Un mercado que el  del cereal que es uno de los oligopolios de mayor concentración que existe, controlado por sólo cuatro empresas, Archer Daniels Midland (ADM – Estados Unidos) Bunge (Argentina) Cargill (Estados Unidos) Louis Dreyfus (Francia), pero actualmente en el momento de  bajada,  nadie puede dudar que siguen teniendo enormes beneficios. Quienes ahora pierden en esta película son otros,  en concreto  los pequeños  productores de cereal que les venden a estas multinacionales, puesto que el coste  de los insumos y cultivo empieza a no ser cubierto por el precio obtenido. Los agricultores no están solo mirando al cielo  y esperando que llueva, sino mirando a los paneles de cotización del precio del Brent.

Es necesario y urgente La Unión Europea reflexione y asuma que su estrategia de biodiesel ha fracaso estrepitosamente, pues no ha logrado parar  la emisión de gases de efecto invernadero y, sin embargo, lo que ha provocado es un aumento de  uso de suelo dedicado al monocultivo, utilización masiva de recursos hídricos, deforestación, expulsión de familias campesinas y una distorsión nefasta en la conformación y estabilización  del precio de los alimentos.

Si bien el año pasado el Parlamento Europeo rebajo las expectativas de crecimiento de biodiesel, el máximo permitido es de un 7% de todo el combustible utilizado lo cual es  tan solo 1.6 punto menos que el anterior límite, y que a todas es  insuficiente. Es necesario acabar urgentemente  con esta locura que el precio del alimento esencial para la gran mayoría de la población mundial sea fijado por las petroleras y la banca.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Anuncios

Las mentiras de la “Agricultura Climáticamente Inteligente”. Publicado por El País

A estas alturas, después de haber sufrido varias oleadas de las llamadas revoluciones verdes, sabemos que el actual sistema alimentario mundial no ha sido capaz de cumplir con el que debe ser su objetivo principal que no es otro que alimentar a las personas. Las cifras hablan por sí solas. Este año más de mil millones de personas sufrirán hambre. Pero no sólo eso, sino que este modelo de agricultura industrial —con sus grandes multinacionales, paquetes tecnológicos, créditos, semillas transgénicas, alimentos kilométricos— es uno de los causantes del actual proceso de cambio climático.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estima que la agricultura es responsable de cerca del 14% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), un volumen similar al originado por el sector del transporte. Pero, a este porcentaje además hay que sumarle las emisiones provenientes de la fabricación de fertilizantes, transporte, envasado y distribución de alimentos, llegaríamos a una cifra del 40%.

Esta crisis climática repercute directamente en la generación de más hambrientos y expandiendo los efectos de la crisis alimentaria que están viviendo numerosas poblaciones. Nadie pone en duda que la producción agrícola no puede menguar en las próximas décadas si se quiere resolver la demanda producida por el crecimiento demográfico. Hay, sin duda, un consenso internacional sobre la necesidad de abordar este asunto de manera urgente y está en las agendas de gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil… Pero, si bien está en sus agendas, podríamos decir que no de la misma manera y, además, con objetivos bien distintos. Unos ven esta situación como una necesidad urgente a resolver. Son los movimientos campesinos y organizaciones como la propia FAO, que tienen en común la reivindicación de un cambio en el modelo alimentario actual hacia otros más sostenibles, descentralizados y de base campesina. En definitiva, una apuesta por el modelo de producción agroecológica como única vía posible para luchar contra el hambre y el cambio climático.
Esa apuesta ha pasado de verse como “alternativa” a convertirse en la solución más clara, evidente y factible a estos enormes retos. Y en los últimos ha quedado ratificada de manera científica. Cómo ejemplo de esto, podemos ver el informe anual del Relator especial sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier de Shutter en el año 2011, donde se demostraba que la producción agroecológica dobla y triplica el rendimiento de las técnicas industriales.

Otro ejemplo sería el estudio sobre el actual modelo agrícola que nos lleva a un callejón sin salida, de Wilian Cline, Global Warming and Agriculture, donde habla de una reducción del potencial de producción agrícola en un 3% para el 2080, siendo para África del 16%. Sin embargo, otros ven en este aumento demográfico, crisis alimentaria y climática una oportunidad de negocio que no se puede dejar escapar. ¿Se imaginan el beneficio que se puede obtener de alimentar a 9.000 millones de personas que se estima que habitarán el planeta en 2050? En este nuevo Dorado se han zambullido desde hace años grandes multinacionales del agronegocio, promotoras de la agricultura industrial y fundamentalmente de las semillas transgénicas. Unas empresas que en la última década están desarrollando distintas estrategias en alianza con estados ricos y organizaciones internacionales, como el Banco Mundial y fundaciones privadas “filantrópicas” que, con la excusa de acabar con el hambre y luchar con el cambio climático, intentan (de nuevo) imponer el modelo fracasado de revolución verde, pero esta vez de una manera más sutil, utilizando los programas de cooperación internacional.

El fracaso de tal modelo agrícola ha quedado demostrado en numerosos estudios, pero si acaso quédense con este reciente de 2013: Sustainability and innovation in staple crop production in the US Midwest, dirigido por dirigido por Jack Heinemann de la Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda. En él, se describe cómo el sistema básico de cultivo del Medio Oeste de los Estados Unidos —donde predominan los cultivos modificados genéticamente—, se está quedando atrás con respecto a otras regiones de desarrollo económico y tecnológico similares. Europa Occidental, por ejemplo, supera a EE UU (y Canadá) en cuanto a rendimientos, diversidad genética y resiliencia de los cultivos, así como el bienestar de los agricultores. Pues bien, ciertas multinacionales, de la mano del Banco Mundial, han encontrado una nueva estrategia para que los países más empobrecidos adopten este tipo de agricultura. Y lo hacen a través de financiaciones millonarias. Tienen prisa. Están observando que la agroecología se va abriendo paso en foros sociales, económicos y científicos.

Recientemente, esta nueva estrategia ha dado un paso más con el lanzamiento de una campaña y financiación para lo que han venido en llamar “agricultura climáticamente inteligente”, que presentan como solución para resolver el cambio climático e incrementar el ingreso de los campesinos pobres. Pero es lo mismo de siempre: ahondar en los postulados de su modelo industrial. Para ello, el pasado septiembre se lanzó en Nueva York la Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente, que tiene como novedad que se compensará a este tipo de programas bajo ese título con créditos en los mercados de carbono. Unas prácticas que promueven la especulación con la compraventa de emisiones y el acaparamiento de tierras.

Con ese sugerente nombre se nos invita a creer que el pequeño campesino del Sur está creando una barricada contra el cambio climático, siendo sus suelos secuestradores de carbono. Más aún, estarían aumentando su capacidad de resiliencia, fortaleciendo su soberanía alimentaria y recibiendo cuantiosos ingresos. Nada más lejos de la realidad. Por un parte, sabemos que no hay prueba alguna de que los mercados de carbono hayan contribuido a disminuir las emisiones derivadas de los combustibles fósiles en todo el mundo. Lo único que han hecho es desplazar la responsabilidad de hacerlo a los países del Sur. Mientras que los ricos no solo han aumentado sus niveles de contaminación, sino que además hacen negocio de ello. Por otro lado, vemos que en aquellos lugares donde se han iniciado este tipo de proyectos —como el promocionado por el Banco Mundial en Kenya y con la participación de la Fundación Sygenta—, ha servido fundamentalmente para cambiar las variedades autóctonas de maíz por otras híbridas y, por tanto, asegurando el suministro de agroquímicos necesarios para este tipo de cultivos.

Frente a esta nueva amenaza es necesaria una reacción rápida de los movimientos sociales, organizaciones científicas, ONG de desarrollo y organismos internacionales, que puedan desenmascarar este tipo de prácticas. En este sentido, la propia FAO expresó recientemente en un congreso sobre Agroecología la legitimidad científica de esta. Así, el director de este organismo, Da Silva, citó una carta firmada por 70 académicos que se oponen abiertamente al modelo de agricultura climáticamente inteligente. Y promovían, sin embargo, la legitimidad científica y social de la agroecología.

Con todo, ahora que la Alianza está lanzada —y que en breve empezaremos a ver sus iniciativas y a las agencias de cooperación incluirlo en sus propuestas— es imprescindible un llamamiento a la movilización a las ONG, las organizaciones campesinas y la sociedad civil en general, para no dejarnos vencer con esta nueva amenaza. Que no nos engañen: la agricultura climáticamente inteligente está creada para servir a dos objetivos, a saber, engordar los mercados de carbono y aumentar las ganancias y el control de la agroindustria. Por el contrario, la agroecología tiene como objetivo asegurar la alimentación de sus poblaciones y generar sistemas sostenibles. No son dos modelos distintos ni complementarios como nos quieren hacer creer, sino antagónicos.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

 

Las multinacionales no tienen desperdicio. Publicado en La Marea y Rebelion.org

Grandes corporaciones convierten el despilfarro de  alimentos en el nuevo “trending topic” del marketing social corporativo.

 Los datos actuales de desperdicio alimentarios son un escándalo ético y moral. Los últimos estudios realizados en la UE  estiman que  se pierden o desperdician en Europa, entre un 30% y un 50% de los alimentos sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor.unilever

La generación anual de pérdidas y desperdicios alimentarios en los 27 Estados miembros es de unos 89 millones de toneladas, o sea, 179 kilos por habitante, y ello sin contar los de origen agrícola generados en el proceso de producción ni los descartes de pescado arrojados al mar.

La propia FAO señala  en su informe sobre desperdicio alimentario,  que  en el año 2007 la tierra cultivada para generar desperdicio era de 1,4 billones de hectáreas, es decir  un 28% de las tierras cultivables  a nivel mundial, en un momento histórico donde cada vez hay más presión sobre este recurso por fines no alimentarios como son los agrocombustibles o la simple especulación financiera.

En el estado español no somos una excepción,  tiramos  anualmente 2,9 millones de toneladas de alimentos, y como contraste, según Cáritas, en España 9 millones de personas viven en situación de pobreza (menos de 6.000€al año).

Está situación de alguna manera ha hecho sonar las alarmas en el Parlamento de la UE  que en año 2012 aprobó una resolución instando a los estados a iniciar estrategias de reducción del 50% del desperdicio para el año 2050, y a esto corresponde el aluvión de campañas  para la reducción del despilfarro alimentario,  entre ellas la lanzada por el Ministerio de Agricultura, y sorprendentemente las puestas en marcha por las  grandes corporaciones agroalimentarias y de distribución que están invirtiendo una gran cantidad de recursos.

Campañas que a priori a todo el mundo nos parecerían justas, necesarias y veríamos con buenos ojos a las empresas que las impulsan, y este objetivo parece que lo han logrado.

Pero si leemos la  letra pequeña, veremos que se tratan de campañas que comparten objetivos y elementos comunes,  principalmente esconder  deliberadamente la responsabilidad de la actual industria agroalimentaria  en la generación de cantidades nunca conocidas de despilfarro alimentario.Intentado hacernos creer  que el actual desperdicio alimentario  no es una consecuencia  del modelo agroalimentario  impuesto por grandes corporaciones los últimos años.

La principal  línea argumental de todas ellas  se trata de  dejarnos bien  claro que el principal culpable del despilfarro obsceno  a nivel global es el consumidor. Un consumidor  que compra de más, que no sabe aprovechar productos,  que no lee las fechas de caducidad, y que es despilfarrador por naturaleza. Un consumidor irresponsable al que hay que educar y hacer cargar con todas las culpas de la cadena alimentaria, tratándonos como una mezcla de devoradores compulsivos y estúpidos de solemnidad.

Así nos encontramos en el folleto del propio Ministerio de Agricultura que en su primer consejo nos dice: “Elige los productos según las necesidades de tu hogar. Antes de planificar la compra, comprueba el estado de los alimentos que tienes en casa, sobre todo los productos frescos o con fecha de caducidad. Planifica los menús diarios o semanales teniendo en cuenta el número de personas  que van a comer.”

Pero, ¿realmente somos los consumidores los grandes culpables de este desastre? ¿Las grandes empresas y gobiernos no tienen nada que ver?

Seguramente los consumidores tenemos mucho que ver, pero si cambiamos el foco de dirección y apuntamos a la industria y sus estrategias empezaremos a ver los contornos de una  responsabilidad inmensamente mayor.

Responsabilidad en términos de cantidad,   la Eurocámara  insiste en que “los agentes de la cadena alimentaria” son los primeros implicados: la industria aporta un 39% de los residuos, mientras restaurantes, caterings  y supermercados son responsables de un 14% y un 5% del total, mucha de la cual las propias empresas , gobiernos y lobbies alimentarios han denominado como “inevitable”.

Responsabilidad en el tipo de consumo final pues la mayor parte del despilfarro en casa es debido a  la forma de empaquetar los alimentos,  descuentos, 2X1,  y otras estrategias de grandes cadenas de supermercados que los últimos años han sustituido el comercio de proximidad y determinan nuestro consumo. Si no lo creen, solo tienen que ver que  en nuestro país el 80% aproximadamente de las compras de alimentos hoy día  se realizan a través de los supermercados, hipermercados y tiendas de descuentos y , pasando  de  95.000 tiendas en 1998 a  25.000 en el 2004. Por tanto cada se cierra más el embudo del consumo bajo una falsa apariencia de diversidad

La segunda línea argumental, es que las empresas deben y se comprometen a mejorar  la eficiencia de todo el proceso , mejorar cadenas de frío etc…, pero donde ya advierten  que hay poco margen, ya que actualmente  hacen todo lo posible. En cambio sí pueden sumar un eslabón más a la cadena…y lo han hecho.

Así  otro de los elementos comunes de estas campañas es integrar a los bancos de alimentos en la cadena agroalimentaria. De esta forma matan dos pájaros de un tiro, mejorar la imagen de la empresa y ahorrar costes  en el tratamiento de residuos.

Una estrategia que se sirve de “cronificar” un tipo de intervención asistencial y de emergencia temporal  como son los bancos de alimentos para convertirlo en un elemento más  y “normalizado de la cadena”, olvidando por tanto que este tipo de  intervenciones genera estigmatización social y  en muchas ocasiones la oferta alimentaria no es adecuada, con ausencia de alimentos frescos, con alimentos procesados, pobre en micronutrientes y desproporcionada en energía, grasas saturadas e hidratos de carbono refinados, favoreciendo enfermedades cardiovasculares, diabetes etc….

Sin embargo  estás campañas pasan de puntillas por un elemento central para la propia UE o la FAO, para la reducción de despilfarro alimentario como es la apuesta por la agricultura local y los circuitos venta de proximidad.

La apuesta por este otro modelo de producción y consumo evita el desperdicio en todas las fases de la cadena, en la fase de  producción principalmente porque no está sujeta a los cánones de la agroindustria y donde la diversidad es un valor frente a la “homogenización” impuesta en distribuidoras y mayoristas.

En la fase de distribución porque no necesita enormes cadenas de frío y de transporte para llegar al consumidor.

Por último, porque la venta directa mejora la adecuación de la oferta y la demanda, al consumir exactamente lo que se necesita.

Además la propia UE reconoce que este tipo de modelo tiene otros grandes beneficios, como son la generación de precios dignos para las personas productoras y,  generación de empleo de forma directa e indirecta, dinamización de los territorios y revalorización del mundo rural, incremento en general en la calidad nutritiva de los alimentos, etc..

Por esto,  en otros países de Europa, llevan años apostando por este modelo, entre ellos Francia, donde ha desarrollado diversas estrategias para la promoción de la producción y transformación local,  iniciativas legislativas como es la adaptación de la legislación higiénico-sanitaria a las características de la pequeña producción e iniciativas directas como es que la compra pública de alimentos de escuelas, hospitales, universidades, etc.. provenga de la agricultura y ganadería local, y convirtiendo el desarrollo de la agricultura de proximidad en uno de los pilares centrales de su estrategia contra el despilfarro.

En nuestro país nada de estás políticas tienen lugar, siendo muy esclarecedor  si comparamos el dato de venta directa realizada por agricultores, llegando en Francia a un 20% y en España apenas un 3%.

Como dicen estas  campañas,  en cuestión  de  despilfarro alimentario todos somos responsables y todos tenemos algo que hacer, pero también tenemos que decir claramente que no todos somos igual de responsables, y que justamente estás campañas lejos de exigir responsabilidades a los grandes culpables de esta situación, los eximen y ocultan, cuando no, simplemente los ayudan  a convertir el despilfarro de alimentos en el último” trending topic” marketing social corporativo.

 

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

La gran estafa alimentaria. Publicado por La Marea

Esta semana hemos recibido una  noticia que evidencia una vez más el enorme  poder que las grandes empresas de la agroindustria tienen sobre nuestra vida.

Esta noticia es  la conclusión del último estudio realizado por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que determina que los alimentos “funcionales” dirigidos a niños menores de 12 meses NO aportan un valor añadido a una dieta equilibrada. En otras palabras, certifica  que  se trata de una enorme estafa. (http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/3408.htm)

cabecera

Alimentos estos llamados funcionales que  no son cualquier cosa, si no que se han convertido la última década en la nueva gallina los huevos de oro de la gran industria alimentaria. Un gran negocio  donde se han invertido cientos de millones de euros en grandes campañas de publicidad para convencernos de las maravillosas propiedades de estos productos. Productos que como renovados bálsamos de fierabras prometen mejorar las defensas de tus hijos, el colesterol, la osteoporosis, cualquier cosa que se puedan imaginar.

Se trata en realidad de un enorme negocio que mueve mas de 4.000 millones de euros, un negocio que ha logrado que en España el 40% de los hogares consuman algún producto de este tipo, o que 1 de cada 10 productos del lineal tengan estás características o que su precio cuadriplique a otro alimento de su categoría. 

Un negocio basado en una gran estafa que ha logrado a través de su millonaria inversión en campañas publicitarias que la mayoría de los consumidores siguen confiando en las propiedades milagrosas de estos productos, ocultando a la opinión pública la verdad.

Verdad que no es otra que la que defiende la EFSA, último bastión que aguanta la presión de los lobbies mas poderosos de Europa. Una verdad que indica que las propiedades de la gran mayoría de estos productos son falsas, puros fraudes.

Así la EFSA en los últimos años ha declarado como publicidad fraudulenta el 80 % de los productos que ha examinado, o que de los 44.000 productos que se han presentado a examen para verificar sus propiedades solo han sido aprobados 222.

Informaciones estás ocultadas, como ocultado ha sido  uno de los escándalos mas importantes derivado del  estudio contundente  que realizó en el ño 2010 la propia EFSA sobre el producto Actimel de DANONE.(http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/1903.htm)

Estudio que  rechazaba de plano las decenas de informes presentados que avalaban las propiedades de este producto para reducir las toxinas producidas por la especie bacteriana Clostridium difficile. Un informe que por tanto acababa radicalmente con las famosas ventajas de tomar L. Casei.

No obstante el gran poder de estas corporaciones en los medios de comunicación masivos impide que los consumidores tengamos acceso a la información real. Pero si nuestras adminstraciones públicas tienen esta información, si saben que somos víctimas de esta  enorme estafa masiva ¿Por qué no hacen nada? ¿Nos informan? ¿Van a regular?

¿Qué protegen? ¿Nuestra alimentación o su ganancia?

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Pesca Pirata española, suma y sigue. 28/07/2012

Esta semana  la justicia británica ha impuesto una multa de 1,62 millones de libras (algo más de dos millones de euros) a dos barcos, el OGenita y el Cayo Tercero, por pescar durante 18 meses merluza por encima de lo autorizado y falsificar los registros correspondientes.

Aunque actuaran mediante una subsidiaria británica se trata de armadores españoles. En concreto, Manuel Vidal Suárez es el director de la empresa Hijos de Vidal Bandín SA, dueño del Cayo Tercero. La otra empresa, Sealskill Limited, es dueña del OGenita y subsidiaria de esta última en Lancaster. Su directora es María Dolores Vidal Mariño

Cabe recordar que a nivel mundial el 49% de la pesca es ilegal, y que tiene por tanto enormes consecuencias en cuanto a la esquilmación de caladeros, amenaza de la biodiversidad e impactos sociales y económicos, amenazando además  la soberanía alimentaria de muchos países del sur, que tienen en la pesca artesanal una fuente de recursos básica.

No se trata de un hecho aislado en España sino que somos expertos en pesca ilegal y además tenemos una enorme responsabilidad por cuanto  la flota pesquera más grande de Europa,  lamentablemente basada  en un modelo industrial que se ha desarrollado por la ingente cantidad de ayudas públicas recibidas, miles de millones en subsidios (más del doble de la cuantía de las subvenciones recibidas por cualquier otro país de la UE). En el periodo comprendido entre 2000 y 2006, España recibió el 44% de las ayudas.

Pero es más grave comprobar como la gran mayoría de las empresas subvencionadas españolas han sido denunciadas y multadas por pesca ilegal

Pero la realidad es que  el 80% de la flota española es artesanal,  pesca que crea empleo, mantiene pueblos vivos, es sostenible, pero que por el contrario  apenas recibe ayudas públicas y se encuentra en caída libre, ante la dejación a la que ha sido sometida los últimos años.

La pregunta es obligada ¿Debe seguir el gobierno español promocionando ayudas públicas para financiar pesca ilegal?

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Sin agua no hay alimentos. El país 07/03/2012

Del 14 al 17 de marzo tendrá lugar también el 6º Foro Mundial del Agua (FMA), patrocinado por el Consejo Mundial del Agua.

Este foro tiene lugar en un momento en el que la “carrera por agua” ya ha comenzado, carrera que tiene su máxima expresión en la voracidad del sistema de agricultura industrial y cuya estrategia es no considerar el agua como un derecho humano y un bien común que merece una gestión pública, sino como un mero bien económico y que debe ser privatizado cuanto antes.

Esta carrera no es cualquier cosa si tenemos en cuanta que el 70% del consumo de agua dulce a nivel mundial es para la agricultura.

La disponibilidad de agua es uno de los motores mas importantes que alimentan el fenómeno brutal del acaparamiento de tierras en países del sur por grandes transnacionales, porque sin ingentes cantidades de agua no puede sostenerse el modelo de agricultura industrial, fundamentalmente la dedicada al cultivo de agrocombustibles y cultivos de exportación y que provoca la expulsión de miles de familias campesinas.

Por tanto, si uno de los grandes retos de la humanidad es el derecho al acceso al agua, este tiene que tener en cuenta que el garante es un modelo basado en la gestión pública, en la soberanía alimentaria y en las prácticas agroecológicas, donde los campesinos tengan un papel fundamental en la conservación y recuperación de los recursos hídricos.

Veremos que sale de este foro, pero mucho nos tememos que solo se oirá la voz de transnacionales y del Banco Mundial que luchan por apropiarse de la gobernanza mundial del agua. Fuera, la gente, las organizaciones sociales organizarán el foro alternativo mundial del agua (FAME) para la defensa frente a la privatización del agua.

Pero atentos, no se trata de una batalla abstracta, en Madrid se llama privatización del Canal de Isabel II y en Barcelona se llama la privatización de la Aigües Ter-Llobregat.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

Entrevista Crisis Alimentaria. Radio Aragón.

Cada día desaparecen decenas explotaciones agrarias como consecuencia de la subida de los precios de los insumos… ¡estamos ante un problema que nos afecta a todas! infórmate del por qué y el cómo, escucha la entrevista de Aragón Radio a Javier Guzmán, director de Veterinarios sin Fronteras.

Entrevista en Radio Aragón