¿Qué tiene que ver el Brent con el precio del pan? Publicado por Nueva Tribuna y Público

Durante los últimos cuatro años, el precio internacional de los cereales está de  bajada, volviendo a ser noticia  estos días  otra importante caída  en la cotización de los mismos.

Los cereales, tenemos que recordar, siguen siendo con gran diferencia la fuente de alimentos más importante del mundo, tanto para el consumo humano directo como, de una manera indirecta, para la utilización de piensos para animales. Por tanto, todo lo que sucede en este sector de los cereales es crítico para el suministro de alimentos en todo el mundo.

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La primera pregunta que deberíamos hacernos es por qué está bajando el precio. ¿Hay menos demanda?, ¿consumimos menos cereales?, ¿ha habido una subida de la productividad, de la superficie cultivada?, ¿es bueno que baje el precio de los cereales?, ¿para quién puede ser bueno?.

Pues bien,  parece que uno de los factores  que está dirigiendo fundamentalmente esta bajada de precios es la caída global del precio del petróleo. Y ustedes dirán, ¿pero qué tiene que ver? Pues en un sistema alimentario racional y eficiente, en principio muy poco, pero en nuestro sistema globalizado y mercantilizado de la alimentación podemos observar  que uno de los principales consumidores de cereal son nuestros coches, en forma de biodiesel, por tanto si hay una reducción en la demanda global de petróleo automáticamente baja el precio del cereal. Esto es así  porque se calcula que para que estos combustibles sean rentables es necesario un precio del barril de petróleo de entre 60 y 90 euros y actualmente estamos alrededor de los 40.

Vemos entonces claramente la distorsión que este negocio de las petroleras  tiene en el precio de los alimentos básicos. Una distorsión que se genera porque este nuevo consumo compite directamente con la alimentación  y ha sido uno las causantes los últimos años junto con la especulación alimentaria de la banca de dramáticas subidas de precio de los alimentos. Esas subidas del precio del grano básico que en el año 2008 y 2011 durante las dos últimas crisis alimentarias se saldó con millones de personas que pasaron a formar parte de las estadísticas del hambre.

Pero no nos podemos engañar, la bajada de precios del grano que, en principio es buena para millones de personas en el mundo, puesto que condiciona el poder acceder a la alimentación es coyuntural, y durará lo que dure la actual crisis de precios del petróleo.  La realidad  es que la demanda de biodiesel se prevé que siga en aumento. La previsión de la FAO es que el biodiesel crezca un 54% hasta 2023 y alcance los 40.000 millones de litros frente a los ya  28.000 millones del 2014. En este punto cabe recordar que Europa es el mayor consumidor de este tipo de combustible, por tanto uno de los mayores responsables y además ha estado incentivando la producción de este producto hasta acumular el 28,9% de toda la producción mundial.

En los  momentos alcistas de precios ganan las grandes multinacionales del cereal. Un mercado que el  del cereal que es uno de los oligopolios de mayor concentración que existe, controlado por sólo cuatro empresas, Archer Daniels Midland (ADM – Estados Unidos) Bunge (Argentina) Cargill (Estados Unidos) Louis Dreyfus (Francia), pero actualmente en el momento de  bajada,  nadie puede dudar que siguen teniendo enormes beneficios. Quienes ahora pierden en esta película son otros,  en concreto  los pequeños  productores de cereal que les venden a estas multinacionales, puesto que el coste  de los insumos y cultivo empieza a no ser cubierto por el precio obtenido. Los agricultores no están solo mirando al cielo  y esperando que llueva, sino mirando a los paneles de cotización del precio del Brent.

Es necesario y urgente La Unión Europea reflexione y asuma que su estrategia de biodiesel ha fracaso estrepitosamente, pues no ha logrado parar  la emisión de gases de efecto invernadero y, sin embargo, lo que ha provocado es un aumento de  uso de suelo dedicado al monocultivo, utilización masiva de recursos hídricos, deforestación, expulsión de familias campesinas y una distorsión nefasta en la conformación y estabilización  del precio de los alimentos.

Si bien el año pasado el Parlamento Europeo rebajo las expectativas de crecimiento de biodiesel, el máximo permitido es de un 7% de todo el combustible utilizado lo cual es  tan solo 1.6 punto menos que el anterior límite, y que a todas es  insuficiente. Es necesario acabar urgentemente  con esta locura que el precio del alimento esencial para la gran mayoría de la población mundial sea fijado por las petroleras y la banca.

Javier Guzmán

Director de VSF Justicia Alimentaria Global

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